
LA MAREA DEL TIEMPO
Natividad Nebot Calpe
Novela costumbrista, que se desarrolla en Torralba del Pinar, pueblo del Parque Natural de la Sierra de Espadán en la provincia de Castellón (España)
La marea del tiempo, novela de la que es autora Natividad Nebot Calpe, doctora y catedrática de Lengua y Literatura Españolas, publicada por Ediciones Tisbe en 1996, pone de manifiesto una densidad de reflexión que se expresa a través de una escritura fluida y meditada. No en balde fue seleccionada entre las finalistas del Premio Planeta 1994, el año que lo obtuvo Camilo José Cela.
Su argumento está basado en un hecho real ocurrido a finales del siglo XIX. La protagonista, Francisca, se ve abocada a un modo de vida no elegido por ella, sino impuesto por la autoridad paterna.
Es una novela ambiciosa, con varios horizontes, que cristaliza en un alma y en un paisaje. Por otra parte, la adolescente campesina Francisca, soñadora, ingenua y llena de bondad, que descubre el amor de forma exquisita, y, por otra parte, un pueblecito Torralba del Pinar, de la provincia de Castellón, en la comunidad Valenciana, paraje mediterráneo que se dibuja con minuciosidad evocadora y emoción profunda.
Todo desde un marco narrativo tradicional, el del manuscrito encontrado, con el que la periodista Ana Talamantes se tropieza y en el que se relatan los recuerdos de Francisca, de forma autobiográfica y fechados en 1942. Esa estructura, en íntima relación con la línea temática, se cierra con el proceso de identificación de Ana con Francisca: “Sabes que yo al leerte -afirma Ana- también he alcanzado la Luz Resplandeciente y ya no tengo secas las fuentes de mi alma” (p. 364). Por tanto, existen dos voces: la de Ana, la nieta de Pedro el médico, y la de la protagonista. Dos puntos de vista que coinciden en cuanto a la admiración y amor por los paisajes y por todo lo referente al pueblo Torralba del Pinar.
Francisca, después de cincuenta años de ausencia, vuelve a él, su querido pueblo. Comienza a escribir y nos va desvelando los sucesos que la condujeron, junto a su hermana María, a una situación injusta.
Los modelos narrativos a los que se aproxima La marea del tiempo son los propios de la novela del siglo XIX. Por eso ha aparecido en una colección titulada “Novela romántica y costumbrista”. En este libro se encierra todo un mundo lleno de personajes, acciones, evocaciones minuciosas y emocionadas. Se entrecruzan también varias historias con la principal. Movidos por el destino, discurren por el marco geográfico señalado, aparte de Francisca, varios personajes: su padre y su tía, él un hombre autoritario, que torcerá el destino de su hija. Los amigos de su padre, que se reúnen en tertulia durante las largas veladas invernales, alrededor de las fogatas del lar, donde ella se halla presente. Existen también los trabajadores de la casa (gayanes y pastores), entre ellos, Rosa, la persona de confianza que, con ternura, va llenando el lugar vacío de la madre de Francisca. El único personaje del pasado que encontrará a su regreso a Torralba. Hay que citar al buhonero y a otros vendedores ambulantes, al afilador, al lañador, al cestero, al capador, a los gitanos titiriteros, a los ciegos cantores de romances que visitan, de vez en cuando, Torralba. Por otro lado, a las amigas de Francisca y a los mozos del pueblo; a las mujeres, como la tía María Soledad, con fama de bruja; al ama del cura y a doña Mariana la maestra, a quien tanto admira su discípula Francisca. Pero, sobre todo, es de destacar don Pedro, el médico de la Baronía de Ayódar, personaje altruista, de intensa vida interior, cuya abnegación y desprendimiento ennoblecen el ejercicio de la medicina rural.
A ello hay que añadir descripciones de festejos populares: el toro embolado o de fuego; las hogueras de San Antón, la cruenta competición para decapitar los gallos, la bendición de los rollos y la subasta del puerquico llamado de San Antón, en esa festividad; el Carnaval, con la costumbre de enharinar el rostro a las mujeres; en Pascua la ceremonia de plantar un corpulento pino en medio de la plaza, el encuentro de la Virgen y su Hijo, las típicas meriendas de la rosca, y, asimismo, en el día de San Juan, la ascensión a la Ceja del Pinar para contemplar la salida del sol, símbolo de buenos augurios, así como la costumbre de adornar con ramos de romero las puertas de las casas donde viven las jóvenes.
Aporta asimismo esta novela formas de vida de las que apenas quedan huellas: la escarda y la siega de la mies; la trilla con las caballerías dando vueltas y más vueltas en la era; la matanza del cerdo, la colada de la ropa sucia en la que se echa agua hirviendo sobre ceniza, para que se filtre por un paño, caiga dentro del recipiente donde está la ropa y actúe como lejía. Asimismo presenta la fabricación casera del jabón, de la tinta y del pan... La descripción pormenorizada de la cocina rural y de sus variados utensilios. La enumeración de oficios artesanales.
Es además un libro de viajes: a Onda y a Segorbe, en Caballería, a Castellón y a Valencia, en tren. En estos lugares Francisca queda maravillada por tantas cosas desconocidas para ella hasta entonces, a finales del siglo XIX, como, por ejemplo, al ver el mar de Castellón o el claustro gótico de la Catedral de Segorbe y las farolas de gas en las calles; al oír el canto del sereno anunciando la hora y el tiempo que hace...
Pero aparte de estas cosas, La marea del tiempo es una novela intimista, escrita en primera persona, que tiene las características de la novela lírica. Dotada de gran fuerza poética, porque por encima de todo destacan los profundos sentimientos de Francisca hacia su amado Pedro. Ella también se siente conmovida por la naturaleza y por los hermosos paisajes de su pueblo. Se recrea en los recuerdos felices, utilizando un lenguaje muy escogido, bello y selecto.
El tema es como el título nos sugiere: el paso del tiempo, más sorprendentemente, Natividad Nebot no insiste en su poder destructor, sino en su capacidad de evocación, que hace que, a pesar de la erosión inevitable, pueda ser vencido. Afirma la protagonista al final de la novela: “La marea del tiempo con el olvido, la vejez, el pesimismo y el miedo a la muerte no ha alcanzado su objetivo: hacerme rodar por su precipicio y engullirme en su profunda sima. ¡La he vencido al fin!” (p. 362)
El poder del recuerdo llega a alcanzar la dimensión de lo infinito y eterno: la firme creencia en Dios, fuente de la vida, que permite el conocimiento de la verdad; el dolor que fortifica y purifica; la firmeza de la voluntad y la presencia eterna de un paisaje amado -“Y yo me iré y tú te quedarás, querido pueblo” (p. 360)- hace que lo importante no sea el paso del tiempo, sino la vida misma en su camino hacia la eternidad, desconocida pero siempre esperada.
Los ecos juanramoníanos, la influencia de la escritura fina y delicada de Miró hacen de esta novela costumbrista, como hemos dicho, casi una novela lírica, no exenta de valores antropológicos que expresan un no superficial conocimiento de los pueblos de Castellón a finales del siglo XIX.
Hay que destacar también la descripción de las plantas propias del lugar, pero, sobre todo, las contemplaciones paisajísticas que nos acercan casi de forma panteísta a la naturaleza. Por otra parte, la procedencia culta de la autora no se esconde y así son frecuentes las citas a Benito Pérez Galdós, a Palacio Valdés, lecturas propias de la época, sin olvidar las alusiones a San Juan de la Cruz, que conforman la concepción del mundo de Pedro, el protagonista, que tanto influye en la vida de Francisca.
La marea del tiempo es pues una novela de cualidades notables que conmueve al lector, lo divierte y atrae su interés. Su escritura es impecable, digna de un creador consagrado, que cuidadosamente editada nos da a conocer una autora de exquisita sensibilidad. Esperamos que Natividad Nebot siga escribiendo y nos deleite de nuevo con otra novela de la misma calidad.
HARTMUT STOESSLEIN
KULMBACH ALEMANIA
(Artículo aparecido en la revista alemana “Hispanorama”,
número 76, mayo 1997)

MAS ALLÁ DE LA RAZÓN
Natividad Nebot Calpe
La editorial valenciana Páginacero Ediciones (Valencia 2001) acaba de publicar este libro de relatos de título tan sugerente. Natividad es doctora en Filología Románica y catedrática de Lengua y Literatura Españolas y también miembro de la AEPE. Ha escrito una novela con el título La marea del tiempo, agotada ya, que tuvo elogios de los críticos. Posiblemente, dentro de poco vuelva a publicarse.
La prosa de su novela y la de sus relatos es diáfana, de exquisita sensibilidad. Este nuevo libro es fiel testimonio de esta época y de la sociedad en que nos hallamos inmersos. Aunque los relatos no se hallan ubicados en lugares determinados, sus paisajes recuerdan la zona mediterránea y las montañas de la Sierra de Espadán.
La finalidad de toda obra literaria es deleitar y ello lo consigue la autora narrando cinco historias de temática variada. Aparte de proporcionar su lectura una placentera experiencia, mueve asimismo a la reflexión. Aunque Natividad es consciente de que la función de la literatura no es enseñar, pretende, sobre todo, dar testimonio de la insensatez en muchos comportamientos humanos. Cervantes y Quevedo ponen de manifiesto las injusticias y los vicios de su época y, sin censurarlos, por medio de la ironía, de la sátira y de la parodia ejercen su peculiar función didáctica.
Cuando los hombres se apartan de la razón, centro y culminación de la inteligencia, se sumergen en el sin sentido y en la irresponsabilidad e, incluso, llegan a la brutalidad. En el relato “Mis caminos”, la protagonista no supo elegir, se dejó llevar por la simpatía arrolladora de un vividor de la política y ahora se queja, resignada por consideración a su hija. En “Entre ruinas”, Cantalar de las Cumbres está situado en cualquier lugar más allá de la razón: el arte, la cultura, la naturaleza no son respetados allí. Las autoridades abusan de su poder y arremeten, manipulando a todo un pueblo, contra quienes alzan su voz en defensa de los valores culturales.
Ante la sinrazón en que se mueve nuestra sociedad, destaca la deficiente educación que reciben los jóvenes, abocados a la más irracional diversión. Los protagonistas de “Sol mediterráneo” y de “Escenas veraniegas”, cuando regresan a sus pueblos y comparan las costumbres actuales con las de su adolescencia, se lamentan de la permisividad de los gobiernos y de los padres, también de la falta de calidad en el sistema de enseñanza. Por otro lado, los protagonistas de “Brotes de luz” sufren la más desgarradora e irreparable tragedia: la muerte del hijo por accidente, y el angustioso remordimiento por no haber sabido educarlo los precipita en las simas de la desesperación.
Pero no todo es amargura, desencanto y desasosiego, por encima de la razón se halla la fe. Esa fuerza, ese impulso hacia lo trascendente, hacia Dios, siempre da frutos de esperanza y de transformación interior, de plenitud, como puede observarse en “Brotes de luz” y en “Sol mediterráneo”. Ello se desarrolla unido a la belleza del mar y de las montañas, reflejo y regalo del Creador para disfrute de los hombres, y lugares magistralmente descritos por la autora. La Naturaleza actúa asimismo en estos relatos como impulsora, con su armonía, de la gracia divina que penetra en el alma para su redención y elevación hacia el Sumo Hacedor.
Esta obra invita a reflexionar sobre la urgente necesidad de los valores culturales y morales en la enferma sociedad de hoy. Es un libro digno de elogio y de ser leído. Le damos la enhorabuena a Natividad.
FEDERICO MARTÍNEZ RODA
JEFE DEL DEPARTAMENTO DE HUMANIDADES
UNIVERSIDAD CARDENAL HERRERA-CEU
VALENCIA
(Artículo aparecido en la revista literaria “Corondel”, nº
10, Valencia, abril 2002)

TOPONIMIA DEL ALTO MIJARES Y DEL ALTO
PALANCIA
ESTUDIO ETIMOLÓGICO
NATIVIDAD NEBOT CALPE
Es un libro fundamental publicado
por la Diputación de Castellón en 1992.
Las comarcas de Segorbe, de la sierra de Espadán y de las tierras regadas por el Mijares antes de descender a la Plana, ocupan el suroeste de la provincia de Castellón, un amplio territorio de la lengua castellano-aragonesa que en su vertiente lingüística ha sido estudiada e investigada profundamente por la doctora y catedrática Natividad Nebot Calpe.
Es un compendio de 527 páginas de fácil y agradable lectura. La autora ha sabido encontrar explicación etimológica a los topónimos o nombres de lugar de estas tierras, clasificados, según su origen, en prerromanos, latinos, germánicos y árabes. Tampoco faltan estudios dedicados a los rasgos mozárabes, a la antroponimia u onomástica personal, a la hagiotoponimia y a etimología popular. Ni descuida en la Introducción datos geográficos, movimientos demográficos (no exentos a veces de dramatismo en sus zonas deprimidas) y hasta rasgos de su propia historia. Ilustra ésta y la amplía con antecedentes que abarcan desde los descubrimientos de restos prehistóricos y romanos hasta posteriores asentamientos de población morisca y el paso de Jaime I al conquistar la zona.
El capítulo metodológico, muy meditado y matizado, revela la madurez de la investigadora. Erudición apabullante aparece asimismo reflejada en el Índice bibliográfico y en la interpretación de los hechos lingüísticos realizada con estricto rigor, criterio objetivo y altura científica.
El primer aval de la obra lo da el magistral y ponderado prólogo del entonces director de la Real Academia Española, don Manuel Alvar, especialista en dialectología. Hace más de cien años -son palabras suyas- Wilhelm Meyer-Lübke, patriarca de la romanística, señaló la necesidad de estudiar los dialectos. El propio don Manuel Alvar, consecuente con estos planteamientos, pronto se hizo eco de tema tan interesante y acogió con los brazos abiertos el complejo y dificultoso empeño de la doctora Nebot, que orientó y alentó incansablemente. Las comarcas estudiadas eran, en parte, de difícil acceso y conservan aún caracteres lingüísticos que en otras partes quizá hubieran evolucionado y desaparecido. “Meyer-Lübke sonreiría desde sus sombras y la joven investigadora sabía que estaba en lo cierto, que la ciencia no es frivolidad ni pasatiempo, sino tenacidad, perseverancia, fe”, leemos en el prólogo. Ir, escuchar, anotar cientos y cientos de hojas ha sido la respuesta de nuestra autora a las directrices emanadas del gran erudito español. Recoger materiales y sistematizarlos ha sido su trabajo, trabajo de titanes, al que hay que añadir varias monografías ya publicadas, sobre el habla de las citadas comarcas. Porque en su sistematización hay ciencia y hay calor y emoción. “Miles de miles de hombres se han asentado en estos parajes: han visto, han hablado y sobre todo han vivido. Que esto es nuestro libro: vida. Pero vida no en tumulto, sino sometida a norma. Hermoso destino éste: saber poner orden en la desazón humana. El caos exige norma. Nati Nebot ha buscado las que rigen los rincones donde su corazón se refugia”. Así termina el prólogo.
El estudioso y aún el profano que desee saber de etimologías y topónimos o de información sobre la vida y la historia de los bellos y pintorescos lugares de aquellas tierras, podrá espigar y hallar, con deleite, lo que busca, en la obra de la profesora Natividad Nebot Calpe. Con autoridad y prestigio, el libro figura ya actualmente en los fondos bibliográficos de varias universidades españolas y extranjeras.
JOSÉ ESTEVE FORRIOL
Doctor en Filología Clásica
(Artículo que apareció en el diario de Valencia “Las Provincias”,
5 de junio de 1992)