EL EVANGELIO DE TOMÁS


Hipólito y Orígenes (siglo III) indican que los grupos
heterodoxos empleaban un "evangelio según Tomás". Pero este
evangelio no se descubrió hasta mucho más tarde.
En diciembre de 1945 unos campesinos encontraron en un
talud de Gebel Tarif, a cinco kilómetros de Nag Hammadi, en el Medio Egipto,
una gran ánfora cerrada y sellada con pez. Al romperla aparecieron unas
carpetas de piel de cabra, bastante bien conservadas, que contenían
muchas hojas de papiros, encuadernadas en forma de libro y escritas en copto. Se
trataba de los restos de una antigua biblioteca copta.
Entre la documentación encontrada se descubrió un códice que contiene una
recopilación en lengua copta de dichos de Jesús que comienza con las palabras "Estas son
las palabras secretas que Jesús el Viviente pronunció y que Dídimo Judas
Tomás escribió"; la subscriptio del códice decía : "El Evangelio según
Tomás". Se acababa de descubrir el evangelio de Tomás.
A partir de este descubrimiento, otros tres papiros encontrados ya a finales del siglo XIX en Oxirrinco
(el PO x1, el 654 y el 655) fueron identificados como fragmentos
griegos del Evangelio de Tomás; pero contienen tales desviaciones en el texto y
en la secuencia de los logia, que no pueden ser los originales directos del
texto copto.
El evangelio de Tomás contiene 114 dichos (logia) de
Jesús, pero ningún material narrativo y ninguna referencia a hechos de Jesús
(milagros) dentro de la tradición de las sentencias. Por géneros literarios,
contiene frases sapienciales, parábolas, textos legales, diálogos breves y
palabras proféticas. La mitad de los logia aproximadamente encuentra
paralelismo con los evangelios canónicos. No contiene prácticamente ningún
título cristológico, ni alusiones a la muerte y resurrección de Jesús, ni
dichos apocalípticos.
En cuanto a su antigüedad, los papiros de Oxirrinco
acreditan como el posible tiempo de aparición alrededor del año 140 d.C. como más
tarde. La redacción final del evangelio parece ser posterior al año 70
(destrucción del templo). Se discute si el texto apareció antes del siglo I.
El evangelio de Tomás es, de todos los evangelios no
canónicos, el que ofrece más visos de probabilidad en lo que se refiere a
la autonomía (independencia de los evangelios canónicos) y antigüedad de sus
tradiciones.
Para algunos autores, como H. Koester o J.D. Crossan,
el evangelio de Tomás sería un texto independiente de los cuatro evangelios
canónicos cuya antigüedad se remontaría al año 50. Sin embargo, esta no es
la opinión de la mayoría de los especialistas. Para la mayoría , en cambio, el evangelio
de Tomás recibió su forma final en la primera mitad del siglo II y depende de
los cuatro evangelios canónicos. En realidad, el evangelio de Tomás contiene
sólo algunas palabras de Jesús provenientes de la tradición oral y que no
habían sido recogidas en los evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan,
mientras que la mayoría de los dichos de Jesús contenidos en el mismo o bien
han sido sacadas de los evangelios canónicos, o bien son sentencias típicas de
los grupos gnósticos puestas en boca de Jesús.
En definitiva, y como ha señalado John Meier, el Evangelio
de Tomás depende de la tradición sinóptica. Efectivamente, este autor, tras un detenido
análisis, llega a la conclusión de que la hipótesis más probable es que el
redactor del Evangelio de Tomás conoció y utilizó al menos alguno de los
Evangelios canónicos, en especial Mateo y Lucas.
Craig A. Evans
sostiene también la misma opinión que Meier. Según Evans, a la vista de todos
los datos, "resulta difícil evitar la conclusión según la cual el evangelio de
Tomás tuvo su origen a finales del siglo II, no a mediados del siglo I". Además,
y según Craig A. Evans, "el evangelio de Tomás no ofrece a los estudiosos de los
evangelios un material primitivo e independiente que se pueda usar en la
investigación de la vida y la enseñanza de Jesús", por lo que "dependencia de
este escrito sólo puede llevar a una imagen deformada del Jesús histórico".
