Carrión de los Condes

Patrimonio Monumental

Monasterio de San Zoilo

En esta página se describe el Monasterio tal y como se conserva hoy día. Para conocer la historia del Monasterio, sírvase seguir estos enlaces:

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Fachada

La Galilea

Portada románica

Capitel izquierdo exterior

Capitel izquierdo interior

Capitel derecho interior

Capitel derecho exterior

Este esbelto y espacioso edificio está situado al oeste de Carrión, junto al Camino de Santiago, que pasa frente a su fachada del norte, y separado de la ciudad por el río del mismo nombre. Desde su fundación, este monasterio ha sido tan ilustre que fue elegido por numerosos nobles españoles para su sepultura, además de haber servido de hospedaje para reyes, cardenales y obispos y sede de cortes y concilios.

La galilea es una de las partes más antiguas del monasterio y, en sus orígenes, daba paso desde el patio interior a las partes nobles: la iglesia y el claustro, que se describen en páginas separadas. La galilea está formada por una galería de doble arcada sustentada por columnas cuadrangulares de piedra. La parte exterior tiene el suelo empedrado de cantos rodados y antiguamente estaba abierta al patio. La parte interior, donde se conservan algunas partes del pavimento de piedra de basalto, probablemente de origen romano, era la galería monacal propiamente dicha, y en ella se encontraban desde el s.XI los sepulcros de los Condes de Carrión y de otras personalidades que contribuyeron al origen y grandeza del monasterio (hoy están en los pies de la iglesia). Desde el citado patio interior, de forma cuadrangular, se distribuían las dependencias del monasterio; fue reformado en la época de los jesuitas (s.XIX y principios del XX), cuando estaba presidido por el Corazón de Jesús en el centro y rodeado en todo su perímetro por una galería porticada con pavimento de canto rodado.

Quedan pocos restos de la iglesia románica, aunque de gran calidad, como por ejemplo la torre, visible desde el exterior, en la que se conserva una imposta ajedrezada. Antiguamente había dos torres enmarcando la fachada occidental, pero hasta finales del s.XX no hubo noticias de la otra, cuya base permaneció emparedada entre el muro románico original y el muro de relleno del s.XVII. En éste se ha practicado una cavidad desde la que se aprecia el husillo cilíndrico de la torre, que corresponde a la edificación original del s.XI, así como las piedras de sillería de la fachada occidental de la iglesia, que conservan intactas las marcas de los maestros canteros de la época. Esta torre, cilíndrica, al igual que la de la parte izquierda, rectangular, tiene en su interior una escalera de caracol que comunicaba la iglesia con la planta superior del monasterio, cuya entrada sigue aún oculta por los muros del s.XVII.

Pero el resto románico más notable es la portada que apareció, en un excelente estado de conservación, en agosto de 1993 en la puerta de poniente de la iglesia, a la que se accede desde la galilea. Datada en finales del s.X o principios del XI, es uno de los restos románicos más antiguos de la provincia. Cuando se construyó la actual iglesia de La Magdalena, la iglesia románica anterior ya había desaparecido, aunque se respetó su perímetro, ya que a su lado estaba el claustro, recién terminado. Se hizo con su acceso por el norte, salvándose así esta portada románica. Está formada por cinco arquivoltas de medio punto, la segunda y la cuarta en baquetón y apoyadas en cuatro extraordinarios capiteles historiados sobre sendas columnas acodilladas de mármol italiano jaspeado de diferentes colores, con fustes lisos (estriado en la exterior derecha), y éstas sobre basas áticas adornadas con bolas en las escocias y en las esquinas de los plintos sobre los que se apoyan. Probablemente estas columnas, datadas en el s.II, se aprovecharon de algún edificio anterior, quizás de algún palacio romano. Esta mezcla románica de piedra y mármol es la única muestra en España y una de las pocas existentes en Europa. En las piedras se conservan las marcas de los maestros canteros medievales. Sobre cal en las dovelas, los restos de la inscripción consecratoria de la primitiva iglesia, dedicada a San Juan Bautista, hacen referencia a un pasaje de los evangelios donde se menciona al Precursor: Cum capilis camelorum zonam pelliceram (Mt 3,4; Mc 1,6).

No parece que la portada tuviera tímpano, aunque recientes investigaciones apuntan a que probablemente se conserva el resto de la portada románica escondida dentro de los muros del piso alto del monasterio. La portada estaba cubierta por un grueso muro de yeso que levantaron los monjes benedictinos en 1786, pero el yeso no estaba pegado a la piedra, por lo que se formó una cámara de aire que lo conservó perfectamente. En la actualidad está en proyecto un Plan Director para, entre otras muchas actuaciones, seguir descubriendo el resto de esta fachada que aún está cubierto o enterrado y se prevé una inversión de mil millones de pesetas (unos seis millones de euros) en ocho años, con participación de la Junta de Castilla y León, la Diputación Provincial, el Patrimonio del Estado y la Empresa hostelera.

Los magníficos capiteles, de finales del s.XI, están labrados por tres caras (por tanto, concebidos para colocarse frontalmente y no como esquineros) con figuras mitológicas y escenas bíblicas que simbolizan el Bien y el Mal. Están terminados en ábacos o cimacios que, con 15 cm. de altura, se extienden por todo el pórtico como friso continuo, decorado con motivos vegetales y rematados con bolas en las esquinas. Las cestas exteriores, cuadradas de 34 cm. en el borde superior, resultan más proporcionadas que las interiores, de 34 x 29 cm.; todas ellas muestran composiciones simétricas, excepto la interior derecha, y desarrollan considerablemente sus volutas. En todos los personajes de la portada son característicos los amplios y carnosos rostros ovalados, con cierta tendencia al prognatismo, y la ausencia de pupila en los ojos.

El capitel izquierdo exterior agrupa en sus dos caras cuatro figuras dispuestas por parejas que portan bandejas, sobre las que aparecen los bustos de otras dos esculturas aladas y más pequeñas, que sustentan libros (atributo de los profetas) y están en actitud de bendecir. En la zona superior, centradas en la composición, se observan cabezas de leones (símbolo de Cristo) y, a ambos lados, amplias volutas anudadas. Se trata, quizás, del capitel más sorprendente del conjunto, tanto por su composición como por su acusado tratamiento de bulto y los detalles de las vestiduras. La escena representada, de difícil identificación, podría estar relacionada con la primera advocación del monasterio, San Juan Bautista. En el capitel izquierdo interior, el Mal está representado por animales mitológicos con cola de serpiente, cuerpo de delfín, alas de águila y cabeza de perro. En la cara oculta de este capitel se aprecia la serpiente del Paraíso: el Mal, en medio del Bien, siempre acecha oculto en la oscuridad.

Los dos capiteles de la derecha representan el episodio de Balaam sobre la burra (Nm 22, 21-35), que, por su contenido de esperanza en la salvación, fue bastante común durante el románico y está presente tanto en el panteón de San Isidoro de León como en la catedral de Jaca. El capitel derecho exterior menciona que sucedió en una viña y constituye toda una alegoría de la teología de la creación, con el Padre Eterno, la figura superior de la parte central, como origen y destino de toda la creación, mientras los trabajadores de la viña representan el papel del hombre en toda esta gran historia. El capitel derecho interior recoge, con detallada ejecución, el momento en que el ángel de Dios, con su espada de fuego en la mano, impide el avance de Balaam en su deseo de ir a maldecir al pueblo de Israel.

El monasterio de San Zoilo fue declarado monumento histórico artístico nacional el 3 de junio de 1931. En aplicación de la disposición adicional primera de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, pasó a tener la consideración y a denominarse bien de interés cultural con categoría de monumento, y el entorno de protección del monasterio fue delimitado por el Decreto 7/2000, de 13 de enero.


Por su importancia y distinción, este monasterio recibió muchísimos bienes, mercedes y privilegios de Papas, reyes, obispos, nobles y plebeyos.

En 1051 los Condes y el obispo de Palencia concedieron al monasterio la mitad de las tercias decimales de las iglesias de la ciudad, donación que disfrutó hasta 1405, en que convinieron con la Catedral cambiarlas por seis cargas de pan con los diezmos del barrio de San Zoilo y varios hospitales. También dependió del monasterio, por donación de la condesa D.ª Teresa, el convento de San Pelayo, en Toro, con sus notables rentas y posesiones, que se perdió en 1591. El 5 de enero de 1118 la reina Urraca le concedió los diezmos del barrio de San Martín, en Frómista. En 1184 Alfonso VIII le concedió exenciones para sus bienes en Paredes de Nava. En 1203 obtuvo la tercera parte de las aguas del río Carrión, privilegio que confirmaron después Fernando III, Alfonso X y Sancho IV. Fernando IV (1295-1312) le concedió una quinta parte de todo el pan que se vendiera en Carrión. En 1435 el entonces prior Pedro Losantos, a través del rey Juan II (1406-1454), obtuvo del Papa Eugenio IV el uso de mitra y báculo para los monjes, y desde entonces cesaron los priores y empezaron los abades, hasta su extinción en el s.XIX. En fin, por multitud de donaciones y concesiones tuvo fincas en muchas poblaciones de la región, exención del pago de portazgos en toda España y jurisdicción en varias poblaciones.