Carrión de los Condes

Historia - Baja Edad Media

Los Condes de Carrión

El rey Bermudo II de León (984-999), hijo de Ordoño III (951-956), tuvo con D.ª Velasca Ramírez, a quien después repudió, una hija, la infanta D.ª Cristina Bermúdez. Ésta, a quien hacían labradora, edificó el monasterio benedictino de San Salvador de Cornellana (Asturias), cuyos hábitos tomó después de enviudar. En su escritura de fundación, de 29 de mayo de 1024, confirmada por la reina D.ª Velasca, no consta que ésta fuera madre de aquélla, lo cual podría confirmar que era hija de otra Velasca concubina del rey, nacida en Mieres, junto al monte Capciano, hija de Mantelo y Velalla, rústicos labradores.

La infanta D.ª Cristina casó en 995 con el infante D. Ordoño Ramírez, el ciego, hijo de Ramiro III (965-984), a quienes se donó el condado de Santa María de Carrión; desde ellos, pues, empieza este condado, tan renombrado después. D. Ordoño y D.ª Cristina tuvieron una hija, Aldonza Ordóñez, a quien el obispo de Oviedo llamó condesa sin decir de dónde, mas debe suponerse que era condesa de Carrión, pues era hija de los infantes y heredera de este título. D.ª Aldonza casó con el infante D. Pelayo Froilaz, el diácono, hijo del infante D. Froila Jiménez, y de ellos nació la condesa D.ª Teresa Peláez, la más notable protectora y bienhechora no sólo del monasterio de San Zoilo, sino de toda la población. Ella y sus hermanos se llamaron infantes de Carrión y, con sus descendientes, son los únicos en toda la Historia de España, junto con los infantes de Lara, que tuvieron tal título (a excepción, naturalmente, de los hijos de los reyes). El arzobispo D. Rodrigo, en el libro 5º, después de exponer la genealogía lo dice expresamente al añadir: Quae cum esset Comina Carrionis ibi eclesiam S. Zoili edificavit, et hi omnes dicuntur vulgariter Infantes de Carrion.

Durante los siglos X y XI el Reino de León se dividió administrativamente en los llamados condados, entre los que estaba el de Carrión. Fue el linaje de los Beni-Gómez, así llamados en los testimonios más antiguos del musulmán Jabir Ibn Hayan (987-1076) y en otras crónicas, tanto árabes como cristianas, el que gobernó el condado de Carrión en esta época. Los orígenes de esta familia son muy oscuros; siguiendo a Margarita Torres, y esquematizando la sucesión en las ramas que aquí nos interesan, podemos empezarla en Gómez Díaz, señor de Mijancas (Álava). Su hijo Munio Gómez fue conocido como Abolmondar el Blanco (Abu al-Mundhir). Hijo de Munio fue Diego Muñoz, conde de Saldaña, quien apoyó a los reyes de León hasta aproximadamente 940, pero luego se rebeló y fue preso por Ramiro II (931-951). Uno de sus hijos, Gómez Díaz, conde de Saldaña, ganó el control de Liébana hacia 970. Su hijo García Gómez, conde de Saldaña y Liébana, incorporó Cea y Grajal y extendió el condado hasta Zamora, fijando su capital en Santa María de Carrión, según relató Ibn Khaldun (1332-1406); se rebeló contra Bermudo II con su tío Osorio Díaz y apoyó a su sucesor Alfonso V (999-1028), pero se rebeló de nuevo en 1007 reclamando el título de conde de León. También hijo de Diego Muñoz fue Fernando Díaz, conde de Saldaña.

Su hijo Diego Fernández tomó parte en varias revueltas contra Alfonso V. A veces le llamaron conde, que unos dicen era de Carrión y otros de Saldaña, aunque no se ha confirmado, y otras cónsul, es decir, gobernador de provincia por mandato de los reyes; parece ser que tenía a su cargo un territorio bastante extenso del que dependía el Condado de Carrión. Lo que sí es cierto es que desde el reinado de Ordoño III fue por mucho tiempo un personaje de gran valía en la corte de los reyes y tal vez el que tanta importancia alcanzó en el reinado de Alfonso V. Uno de sus hijos fue Ansur Díaz, padre de Pedro Ansúrez, que fue conde de Carrión, Monzón, Saldaña, Husillos y Liébana, además de ayo de Alfonso VI y señor de Valladolid y aumentador magnífico de esta ciudad.


Escudo de los Condes
de Carrión

Condesa D.ª Teresa

También hijo de Diego Fernández fue el renombrado conde de Carrión D. Gómez Díaz. En 1047 hizo donación de la iglesia de San Facundo, en Arconada, al monasterio de San Zoilo. Se casó con la condesa D.ª Teresa Peláez, ya citada, y ya fuese por la importancia de su padre, ya por su matrimonio con D.ª Teresa, desempeñó durante el reinado de Fernando I (1037-1065) un papel muy destacado en la corte y acompañó siempre al rey; de hecho, en 1042, estando la corte en Dueñas, firmó con él una escritura como uno de los grandes, y ya tenía por encomienda, o derecho hereditario, el gobierno del territorio comprendido entre Liébana y Monzón, llamándose Tenente de Carrión. Los Condes de Carrión D. Gómez Díaz y D.ª Teresa Peláez construyeron el antiguo puente medieval.

De la condesa D.ª Teresa se cuenta una curiosa leyenda milagrosa que da una explicación muy peculiar del origen del monasterio; pero solamente se basa en la tradición popular y ningún autor antiguo la refiere, por lo que no se puede asegurar. Muchas creencias populares que no tienen ninguna base científica se instalan en la mentalidad de la gente y condicionan su comportamiento; en particular, el nacimiento de gemelos no idénticos se explicaba afirmando que la mujer había tenido relaciones con dos hombres distintos. Pues bien, la condesa andaba celosa de su marido por verle frecuentar a una mujer casada, y sucedió que esta quedó embarazada y dio a luz gemelos. La condesa entonces pensó que uno de ellos era de adulterio, y se le confirmaron las sospechas que tenía del conde. Pero poco después la condesa también quedó embarazada y también dio a luz gemelos, y después de lo que había dicho de aquella mujer pensó que su marido se alborotaría y la acusaría de adulterio. Ella sabía que era inocente, por lo que fue a refugiarse a la iglesia de San Juan Bautista, al otro lado del río Carrión, y cuando fue a cruzar el río se produjo el milagro: su manto o capa sobre el agua le permitió pasar sin hundirse y llegar a la otra orilla. El prodigio certificó su inocencia, y en agradecimiento fundó un monasterio, que al principio siguió dedicado a San Juan Bautista y después se dedicó a San Zoilo por las reliquias de este santo traídas desde Córdoba. En este monasterio, en la urna de las reliquias de San Zoilo, se guarda una tela árabe del siglo XI, tejida con seda y cordelinas de cáñamo, y se cree que es la que sirvió a la condesa para cruzar el río. Esta tela había permanecido guardada hasta que se expuso por primera vez en «Las Edades del Hombre» de Ávila (2004).

Como era costumbre en la época, después de enviudar (1057), la condesa D.ª Teresa tomó el hábito de beata en el monasterio que ella misma fundó y donde recibió sepultura su marido, y con él servía y asistía a los pobres y peregrinos del hospital. Falleció en 1093 y su sepulcro, que se conserva en el monasterio de San Zoilo, dice así: Faemina chara Deo jacet hoc tumulta sepulchro, quæ Commitisa fuit, nomine Tarasia. Hæc mensis Iunis sub quinto transit Idus. Omnis eam merito plangere debet homo. Ecclesiam pontem peregrinis optima tecta fecit, parca sibi, largaque pauperibus. Donet ei regnum quod permanet omne per ævum, quimanet & trinus regnat ubique Deus. Era T.C.XXXI, es decir: «Una mujer amada por Dios yace en este sepulcro, que fue condesa de nombre Teresa. Falleció el día nueve de junio. Digna de que todos la lloren, levantó la iglesia y el puente para los peregrinos, siendo parca consigo y generosa con los pobres. Dios trino, que está y reina en todas partes, le dé el Reino eterno. Era 1131» (año 1093). Esta inscripción es la que recoge Sandoval y de este la reproduce Masdeu, pues la que reproduce Morales está alterada, sobre todo en la fecha.