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Guía de la ruta
Dificultad
según el método M.I.D.E del itinerario:

Inicio:
Desde la población de Artá, debemos tomar la carretera que va ermita
de Betlem. Se sitúa en la parte alta del pueblo. Si queremos alargar
la excursión en una hora más, podemos partir desde las casas de
Betlem, pasada la Colonia de Sant Pere. Encontraremos un camino bien
señalizado, de bello trazado y después descender por el Pas des
Candeler, en este caso necesitaremos combinación de vehículos si no
queremos caminar desde la colonia de San Pedro asta la urbanización
de Betlem, veris la ruta en diferente color en el mapa de la
IGN en esta misma Web.
Guía:
Antonio Sureda
Equipo:
La ropa que el día aconseje, botas de montaña. Tener en cuenta que
en montaña la meteorología puede cambiar radicalmente en pocos
tiempo.
Mapa:
IGN 1:25.000
Mejor época:
cualquiera, siempre que no haga calor.
Distancia: 13,410 Km.
Subiendo: 8,880 Km.
Bajando: 6,30 Km.
Tiempo efectivo
Subiendo: 2,59 h. Bajando: 1,01 h.
Parado: 1,01 h.
Total acumulado:
6,24
h.
Altura máxima:
526 m.
Altura mínima: 266 m.
Desnivel
Acumulado
Subiendo: 568 m.
Bajando: 564 m. Media en %: 8,25
Velocidad media: 2,10
Km. h.
Recomendaciones:
-
Hay una fuente
cerca de la ermita donde abastecerse, pero siempre recomiendo
llevar la propia.
-
No lleveis
perros y mucho menos sin bozal y sueltos.
-
No dejeis
rastro de vuestro paso por las fincas.
Google Maps
Precauciones:
-
Abandonar
o no empezar si las inclemencias son adversas
-
Es
una excursión carente de árboles, y por tanto es poco
recomendable hacerla durante el verano.
-
Es
interesante llevar pantalón largo debido a la gran cantidad de
carrizo y palmitos.
-
Avisar de la ruta que se va a recorrer antes de
la salida a parientes o algún amigo
-
Nunca ir solo
Prologo: Texto de Tomás Vibot, (traducido al
castellano)
La ermita de Belén, centro del antiguo desierto de
Binialgorfa.
Las montañas de levante acogen uno de los paisajes más armónicos de
Mallorca. Al norte de la histórica villa de Arta -Yartan época
islámica- se extiende una cordillera dura y desierta que guarda
bellos tesoros. El centro espiritual de esta región es la ermita de
Belén, uno de los dos reductos que quedan en la isla donde aún
permanecen cenobitas.
La carretera de acceso ya es todo un espectáculo paisajístico. Tiene
un recorrido de unos 9 Km. y pasa cerca de la posesión de Son Morey
Vell, una de las más ricas y extensas en el siglo XVII (baste el
dato de la estimación catastral de 1685, la cual le otorgó un valor
de 350.000 libras) . Pasada la posesión y la entrada al valle de la
Alquería Vella la carretera sube dibujando zig-zag hasta llegar a un
ancho collado, llamaso "es Replà". Antes habrá dejado a la izquierda
el malogrado molino de agua de Son Morey, del que hoy día sólo se
emplea la acequia. Desde aquí, la vista de las montañas de Arta es
un verdadero gozo. Entonces, la carretera desciende en cerradas
curvas hasta alcanzar la entrada de la ermita.
La ermita de Belén se levanta sobre las ruinas de la antigua
alquería andalusí de Binialgorfa. Entre 1302 y 1344 esta finca
estuvo bajo dominio de la Devesa de Ferrutx, importante zona de caza
de los reyes de Mallorca. Una vez la Dehesa desapareció como tal,
Jaume Ferrer compró Binialgorfa. El año 1409 Joan Morey lo adquirió
a los herederos de la familia Ferrer. La producción de aceite era
una actividad importante de Binialgorfa, así como las actividades de
apicultura.
En el año 1805 esta región, conocida desde hacía tiempo con el
significativo nombre de desierto de Binialgorfa, fue ocupada por
cinco ermitaños procedentes de Sant Honorat de Randa y de la
Trinidad de Valldemossa. La fundación de la ermita fue posible
gracias a la donación de dos cuarteradas de tierra y de los restos
de las casas que hizo Jaime Morey Andreu de Sant Martí, propietario
de la posesión. Los primeros ermitaños casi sólo encontraron los
restos de una antigua torre de defensa y de la almazara. Pronto se
iniciaron las obras de reconstrucción de las ruinas y se levantaron
las celdas de los ermitaños y la antigua torre fue habilitada como
capilla. En estas obras destacaron como patrocinadores el cardenal
Despuig y el canónigo Joan Dameto.
El primer superior fue el ermitaño Sebastián de Arta. Murió el año
1820 contagiado por la epidemia de peste amarilla. Pocos años
después de la fundación, en 1818, se empezó a construir una nueva
iglesia, que fue bendecida en el año 1824. El arquitecto fue Joan
Rosselló y el maestro de obras fue el ermitaño José Lladó de
Valldemossa, quien aportó algunas soluciones constructivas
procedentes de la iglesia de la Cartuja de Valldemossa. En 1908 se
hizo una importante reforma que supuso, entre otras mejoras, una
nueva fachada en la iglesia. Actualmente la ermita cuenta con 60
cuarteradas de terreno y hay ermitaños, miembros de la Congregación
de San Pablo y San Antonio.
En 1965 se quedaban seis ermitaños. Así nos lo cuenta el autor
anónimo de ese magnífico estudio titulado Mallorca eremítica: "Son
seis los Ermitaños que viven en este rincón de paz, todavía no
profanada por la marea voluptuosa del turismo. En esta santa casa
está instalado el noviciado de la Congregación donde el joven
ansioso de paz y hastiado de tanta vulgaridad, encuentra el pendón y
verdadero sentido de la vida por el amor a Dios y al Trabajo.
Oración y trabajo manual, he aquí los dos pilares sobre las cuales
se asienta esta vida de soledad ". Hoy sólo son tres.
Hay que decir que desde la fundación, esta ermita fue totalmente
autónoma. Desde 1808 rezaban el Oficio Divino que el obispo Navidad
les había impuesto. Una de las principales tareas era pulir la
piedra, no sólo para la propia ermita sino también para iglesias y
capillas privadas de Arta, Sant Llorenç o Palma. La visita al templo
es todo un gozo. Pasada la barrera de entrada, dos ristras de
cipreses flanquean el camino del recinto, la puerta principal se
encuentra bajo un pórtico. Aquí, una curiosa muslera de almazara nos
remite centurias atrás, cuando todo este territorio se explotaba
como costeros olivareros. También muestra algunas baldosas que
recuerdan el lema de los ermitaños e informan al visitante de alguna
nota histórica. El interior alberga un altar mayor de mármol con las
figuras esculpidas por Adrià Ferrà, una interesante colección de
pinturas de Manuel Bayeu y sobre todo los extraordinarios frescos de
la cúpula, de Francesc Parietti, ejecutadas en 1863. También en una
de las paredes encontramos una magnífica lápida de mármol que cubre
la tumba del donatario, el señor Jaime Morey. Cerca del oratorio se
encuentran las dependencias de los ermitaños, limitadas al visitante
por una barrera de hierro coronada por la letra griega "tau" con una
llama.
En los alrededores del templo quedan algunos lugares de alto interés
histórico y constructivo. El primero es, sin duda, la fuente de
s'Ermita. Justo delante de la entrada al recinto espiritual, un
camino señalizado nos lleva hasta la surgencia, que incluso mana
durante la canícula veraniega. Antes de llegar, bajo el camino, se
extiende el huerto de s'Ermita, de márgenes regulares y perímetros
de pared. La fuente es sombreada por un gran platero que también
vela la cueva de na Bernadó o de Bernadette. Esta agua riega el
conjunto de bancales de la huerta de la ermita, compuesto por una
serie de terrazas de disposición paralela, de no mucho alzado y
compuestas por piedras semi-adobadas. En un ángulo se sitúa el
lavadero.
Otro elemento a tener en cuenta es el cementerio, situado cerca del
recinto principal. Fue construido hacia 1830 y fue ampliado en dos
ocasiones. En 1957 se bendijo la capilla. Diez años más tarde, había
sepultados varios sacerdotes y 16 ermitaños. El último elemento se
sitúa al norte de la ermita, a unos 10 minutos a pie por un sendero
que arranca por la parte posterior del templo. Se trata del
observatorio de Coassa, una instalación militar abandonada compuesta
básicamente por una barraca en ruinas y una garita. Más que el
interés por esta arquitectura militar, vale la pena subir por las
fantásticas vistas que contemplan. Desde aquí perfectamente se
comprenden las emotivas palabras de Josep Sureda Blanes, en
"Montañas de s'Ermita", incluido en el volumen panegírico de Arta
titulado Salterio de la Virgen (1975): «Nuestro término tiene trozos
muy grandes donde la vegetación es pobre, raquítica, leñosa, donde
el sol bate fuerte el agua escasea. Los zarzales no medran, y
señorean las palmeras de palmito. Sus hijos, Señora, bien las
conocen y de ellas arrancan las palmas para trenzar "llatra" y de la
"llatra" tejen su típicas cestitas, vivarachas cestas y sombreros de
alas anchas ».
Descripción de la excursión:
Nuestro recorrido empezará en la ermita de Betlem, en
uno de los extremos de las montañas de Arta, es siempre un punto
sugerente. Desde la entrada al recinto de la ermita, tomamos
tomaremos primero dirección hacia la misma ermita, tras la
visita de rigor la rodearemos hasta encontrar un portillo que no da
acceso a un sendero que tomaremos a la izquierda en ascenso, este
sendero nos llevará hasta la cima de sa Coassa, donde encontraremos
una garita observatorio y las ruinas de una barraca militar,
tendremos unas vistas impresionantes, abandonaremos el lugar por una
senda que nace en la parte delantera de la barraca desde el patio de
esta, en un minuto debemos prestar atención y veremos una especie de
agugero lleno de piedras, se trata de las ruinas de un molino de
viento "es Molinot", seguiremos en descenso hasta empalmar con el
mismo sendero por el que subimos y pronto llegaremos de nuevo a la
ermita y al aparcamiento (habremos tardado unos 45 minutos).
Desde el aparcamiento un sendero franquea la pared
del recinto espiritual. Pronto podremos observar el cementerio. Unos
metros más adelante, el escenario se abre. A la izquierda el Puig de
sa Palmera y detrás sa Talaieta. A la derecha el Puig d'en Torres y
detrás en Xoroi, uno de los grandes protagonistas de la jornada.
Justo enfrente, sa Basa de s'Oli. Observaremos a un lado del camino
los restos de unas casas, con un conjunto de bancales, cerrados de
pared seca, que salvan las laderas que bajan hacia la coma des
Catius, un topónimo relacionado con una de las últimas batallas del
rey Jaume durante el proceso de conquista. Avanzamos, entre
carrizales que invaden parcialmente el camino. Pronto alcanzaremos
un collado, donde a la izquierda del camino nos aparece un bloque
adobado con una señal de separación en forma de codo cincelado en la
cara superior.
El camino, ahora de carro, dibuja unas curvas y desciende
con ganas. Se adentra en un pinar, y a ambos lados podremos
constatar la marginalidad de algunos payeses de antaño. Alcanzaremos
una rejilla de alambre, que podremos superar sin dificultades.
Seguimos avanzando y el camino subirá de manera decidida, pero
durante un corto espacio de tiempo. Estamos en ses Madrioles. Obviar
un camino que se abre a nuestra izquierda, el cual nos llevaría por
sa coma Gran hacia Can Ros y Ca na Carro, muy cerca de Son Sureda.
El camino termina en un llano repleto de “Clapers” (grandes montones
de piedras) y algún recuerdo. Siguiendo los hitos, un sendero nos
subirá por la ladera. Pasaremos por debajo de una roca que da
resguardado a una cueva, y sin querer estaremos sobre otro cima de
la comarca: en Pelat. Desde aquí arriba, no hace falta decir que el
pico de Ferrutx es el único protagonista, con forma de gran gigante
tumbado, reflexivo y observador de la infinitud del mar.
El sendero nos bajará hasta el coll Pelat, llamado
también de Faraig (individuo relacionado también con los últimos
episodios de la conquista cristiana), donde encontraremos otra señal
de deslinde, que parece seguir la misma línea del collado. Delante,
un gran pino muerto rompe la suavidad de la lomo de la montaña, como
una metáfora de oscuro significado. El itinerario asciende
decididamente y en pocos minutos nos situará encima de la cresta
somital. En primer lugar alcanzaremos el Puig Ferrutx 520 m.
dominando Ferrutxet, donde encontraremos los restos de una
antigua caseta de vigilancia al lado del vértice geodésico.
También por las cercanías se abre un sima cegada, de dos
bocas. Los acantilados de la cara que se abre a SW hieren incluso al
mirarlos. Abajo, Morellet y sus campos de siembra, los aprovechados
y los olvidados. Los observa el solitario Puig d'en Borràs.
Avanzaremos por la cresta, bordeando el abismo, hasta la
cima "es Bec de Ferrutx 526 m.". Desde aquí se puede casi tocar el
mar. A nuestros pies sa Devesa, con su torre redonda, se ubica en un
extremo de un perfecto triángulo entre la Colònia de Sant Pere
y s'Estanyol. A su lado, empequeñecida, Son Terrassa, cerca de sa
clova d’en Faraig. Más arriba, en la dura y larga coma, el pas des
Candeler, una ruta alternativa que algún día haremos. Para regresar
rehacemos todo el camino, con otras sensaciones, con otros colores y
al llegar al aparcamiento podemos acercarnos a refrescarnos en la
fuente de la ermita.
El Grupo lo
formaron:
Maria,
Paco Pulido, Javi Cubero y Toni
A. Sureda
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Fotografías
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