©Antonio Sureda Milan

 

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EL Bec de Ferrutx

de l'Ermita de Betlem

19 de octubre del 2009

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Guía de la ruta

Dificultad según el método M.I.D.E  del itinerario: 

Inicio: Desde la población de Artá, debemos tomar la carretera que va ermita de Betlem. Se sitúa en la parte alta del pueblo. Si queremos alargar la excursión en una hora más, podemos partir desde las casas de Betlem, pasada la Colonia de Sant Pere. Encontraremos un camino bien señalizado, de bello trazado y después descender por el Pas des Candeler, en este caso necesitaremos combinación de vehículos si no queremos caminar desde la colonia de San Pedro asta la urbanización de  Betlem, veris la ruta en diferente color en el mapa de la IGN en esta misma Web.

Guía: Antonio Sureda

Equipo: La ropa que el día aconseje, botas de montaña. Tener en cuenta que en montaña la meteorología puede cambiar radicalmente en pocos tiempo.

Mapa: IGN  1:25.000

Mejor época: cualquiera, siempre que no haga calor.

Distancia: 13,410 Km.  Subiendo:  8,880 Km.  Bajando: 6,30 Km.

Tiempo efectivo Subiendo:  2,59 h.   Bajando:  1,01 h.   Parado: 1,01 h.
Total acumulado:
6,24 h.

Altura máxima: 526 m.
Altura mínima:  266 m.

Desnivel Acumulado Subiendo: 568 m.     Bajando: 564 m.   Media en %: 8,25

Velocidad media: 2,10 Km. h.

Recomendaciones:

  • Hay una fuente cerca de la ermita donde abastecerse, pero siempre recomiendo llevar la propia.

  • No lleveis perros y mucho menos sin bozal y sueltos.

  • No dejeis rastro de vuestro paso por las fincas.

Google Maps

 

Precauciones:

  • Abandonar o no empezar si las inclemencias son adversas

  • Es una excursión carente de árboles, y por tanto es poco recomendable hacerla durante el verano.

  • Es interesante llevar pantalón largo debido a la gran cantidad de carrizo y palmitos.

  • Avisar de la ruta que se va a recorrer antes de la salida a parientes o algún amigo

  • Nunca ir solo

Prologo:  Texto de Tomás Vibot, (traducido al castellano)

La ermita de Belén, centro del antiguo desierto de Binialgorfa.
Las montañas de levante acogen uno de los paisajes más armónicos de Mallorca. Al norte de la histórica villa de Arta -Yartan época islámica- se extiende una cordillera dura y desierta que guarda bellos tesoros. El centro espiritual de esta región es la ermita de Belén, uno de los dos reductos que quedan en la isla donde aún permanecen cenobitas.

La carretera de acceso ya es todo un espectáculo paisajístico. Tiene un recorrido de unos 9 Km. y pasa cerca de la posesión de Son Morey Vell, una de las más ricas y extensas en el siglo XVII (baste el dato de la estimación catastral de 1685, la cual le otorgó un valor de 350.000 libras) . Pasada la posesión y la entrada al valle de la Alquería Vella la carretera sube dibujando zig-zag hasta llegar a un ancho collado, llamaso "es Replà". Antes habrá dejado a la izquierda el malogrado molino de agua de Son Morey, del que hoy día sólo se emplea la acequia. Desde aquí, la vista de las montañas de Arta es un verdadero gozo. Entonces, la carretera desciende en cerradas curvas hasta alcanzar la entrada de la ermita.

La ermita de Belén se levanta sobre las ruinas de la antigua alquería andalusí de Binialgorfa. Entre 1302 y 1344 esta finca estuvo bajo dominio de la Devesa de Ferrutx, importante zona de caza de los reyes de Mallorca. Una vez la Dehesa desapareció como tal, Jaume Ferrer compró Binialgorfa. El año 1409 Joan Morey lo adquirió a los herederos de la familia Ferrer. La producción de aceite era una actividad importante de Binialgorfa, así como las actividades de apicultura.

En el año 1805 esta región, conocida desde hacía tiempo con el significativo nombre de desierto de Binialgorfa, fue ocupada por cinco ermitaños procedentes de Sant Honorat de Randa y de la Trinidad de Valldemossa. La fundación de la ermita fue posible gracias a la donación de dos cuarteradas de tierra y de los restos de las casas que hizo Jaime Morey Andreu de Sant Martí, propietario de la posesión. Los primeros ermitaños casi sólo encontraron los restos de una antigua torre de defensa y de la almazara. Pronto se iniciaron las obras de reconstrucción de las ruinas y se levantaron las celdas de los ermitaños y la antigua torre fue habilitada como capilla. En estas obras destacaron como patrocinadores el cardenal Despuig y el canónigo Joan Dameto.

El primer superior fue el ermitaño Sebastián de Arta. Murió el año 1820 contagiado por la epidemia de peste amarilla. Pocos años después de la fundación, en 1818, se empezó a construir una nueva iglesia, que fue bendecida en el año 1824. El arquitecto fue Joan Rosselló y el maestro de obras fue el ermitaño José Lladó de Valldemossa, quien aportó algunas soluciones constructivas procedentes de la iglesia de la Cartuja de Valldemossa. En 1908 se hizo una importante reforma que supuso, entre otras mejoras, una nueva fachada en la iglesia. Actualmente la ermita cuenta con 60 cuarteradas de terreno y hay ermitaños, miembros de la Congregación de San Pablo y San Antonio.

En 1965 se quedaban seis ermitaños. Así nos lo cuenta el autor anónimo de ese magnífico estudio titulado Mallorca eremítica: "Son seis los Ermitaños que viven en este rincón de paz, todavía no profanada por la marea voluptuosa del turismo. En esta santa casa está instalado el noviciado de la Congregación donde el joven ansioso de paz y hastiado de tanta vulgaridad, encuentra el pendón y verdadero sentido de la vida por el amor a Dios y al Trabajo. Oración y trabajo manual, he aquí los dos pilares sobre las cuales se asienta esta vida de soledad ". Hoy sólo son tres.

Hay que decir que desde la fundación, esta ermita fue totalmente autónoma. Desde 1808 rezaban el Oficio Divino que el obispo Navidad les había impuesto. Una de las principales tareas era pulir la piedra, no sólo para la propia ermita sino también para iglesias y capillas privadas de Arta, Sant Llorenç o Palma. La visita al templo es todo un gozo. Pasada la barrera de entrada, dos ristras de cipreses flanquean el camino del recinto, la puerta principal se encuentra bajo un pórtico. Aquí, una curiosa muslera de almazara nos remite centurias atrás, cuando todo este territorio se explotaba como costeros olivareros. También muestra algunas baldosas que recuerdan el lema de los ermitaños e informan al visitante de alguna nota histórica. El interior alberga un altar mayor de mármol con las figuras esculpidas por Adrià Ferrà, una interesante colección de pinturas de Manuel Bayeu y sobre todo los extraordinarios frescos de la cúpula, de Francesc Parietti, ejecutadas en 1863. También en una de las paredes encontramos una magnífica lápida de mármol que cubre la tumba del donatario, el señor Jaime Morey. Cerca del oratorio se encuentran las dependencias de los ermitaños, limitadas al visitante por una barrera de hierro coronada por la letra griega "tau" con una llama.

En los alrededores del templo quedan algunos lugares de alto interés histórico y constructivo. El primero es, sin duda, la fuente de s'Ermita. Justo delante de la entrada al recinto espiritual, un camino señalizado nos lleva hasta la surgencia, que incluso mana durante la canícula veraniega. Antes de llegar, bajo el camino, se extiende el huerto de s'Ermita, de márgenes regulares y perímetros de pared. La fuente es sombreada por un gran platero que también vela la cueva de na Bernadó o de Bernadette. Esta agua riega el conjunto de bancales de la huerta de la ermita, compuesto por una serie de terrazas de disposición paralela, de no mucho alzado y compuestas por piedras semi-adobadas. En un ángulo se sitúa el lavadero.

Otro elemento a tener en cuenta es el cementerio, situado cerca del recinto principal. Fue construido hacia 1830 y fue ampliado en dos ocasiones. En 1957 se bendijo la capilla. Diez años más tarde, había sepultados varios sacerdotes y 16 ermitaños. El último elemento se sitúa al norte de la ermita, a unos 10 minutos a pie por un sendero que arranca por la parte posterior del templo. Se trata del observatorio de Coassa, una instalación militar abandonada compuesta básicamente por una barraca en ruinas y una garita. Más que el interés por esta arquitectura militar, vale la pena subir por las fantásticas vistas que contemplan. Desde aquí perfectamente se comprenden las emotivas palabras de Josep Sureda Blanes, en "Montañas de s'Ermita", incluido en el volumen panegírico de Arta titulado Salterio de la Virgen (1975): «Nuestro término tiene trozos muy grandes donde la vegetación es pobre, raquítica, leñosa, donde el sol bate fuerte el agua escasea. Los zarzales no medran, y señorean las palmeras de palmito. Sus hijos, Señora, bien las conocen y de ellas arrancan las palmas para trenzar "llatra" y de la "llatra" tejen su típicas cestitas, vivarachas cestas y sombreros de alas anchas ».

Descripción de la excursión:

Nuestro recorrido empezará en la ermita de Betlem, en uno de los extremos de las montañas de Arta, es siempre un punto sugerente. Desde la entrada al recinto de la ermita, tomamos tomaremos  primero dirección hacia la misma ermita, tras la visita de rigor la rodearemos hasta encontrar un portillo que no da acceso a un sendero que tomaremos a la izquierda en ascenso, este sendero nos llevará hasta la cima de sa Coassa, donde encontraremos una garita observatorio y las ruinas de una barraca militar, tendremos unas vistas impresionantes, abandonaremos el lugar por una senda que nace en la parte delantera de la barraca desde el patio de esta, en un minuto debemos prestar atención y veremos una especie de agugero lleno de piedras, se trata de las ruinas de un molino de viento "es Molinot", seguiremos en descenso hasta empalmar con el mismo sendero por el que subimos y pronto llegaremos de nuevo a la ermita y al aparcamiento (habremos tardado unos 45 minutos).

Desde el aparcamiento un sendero franquea la pared del recinto espiritual. Pronto podremos observar el cementerio. Unos metros más adelante, el escenario se abre. A la izquierda el Puig de sa Palmera y detrás sa Talaieta. A la derecha el Puig d'en Torres y detrás en Xoroi, uno de los grandes protagonistas de la jornada. Justo enfrente, sa Basa de s'Oli. Observaremos a un lado del camino los restos de unas casas, con un conjunto de bancales, cerrados de pared seca, que salvan las laderas que bajan hacia la coma des Catius, un topónimo relacionado con una de las últimas batallas del rey Jaume durante el proceso de conquista. Avanzamos, entre carrizales que invaden parcialmente el camino. Pronto alcanzaremos un collado, donde a la izquierda del camino nos aparece un bloque adobado con una señal de separación en forma de codo cincelado en la cara superior.

El camino, ahora de carro, dibuja unas curvas y desciende con ganas. Se adentra en un pinar, y a ambos lados podremos constatar la marginalidad de algunos payeses de antaño. Alcanzaremos una rejilla de alambre, que podremos superar sin dificultades. Seguimos avanzando y el camino subirá de manera decidida, pero durante un corto espacio de tiempo. Estamos en ses Madrioles. Obviar un camino que se abre a nuestra izquierda, el cual nos llevaría por sa coma Gran hacia Can Ros y Ca na Carro, muy cerca de Son Sureda. El camino termina en un llano repleto de “Clapers” (grandes montones de piedras) y algún recuerdo. Siguiendo los hitos, un sendero nos subirá por la ladera. Pasaremos por debajo de una roca que da resguardado a una cueva, y sin querer estaremos sobre otro cima de la comarca: en Pelat. Desde aquí arriba, no hace falta decir que el pico de Ferrutx es el único protagonista, con forma de gran gigante tumbado, reflexivo y observador de la infinitud del mar.

El sendero nos bajará hasta el coll Pelat, llamado también de Faraig (individuo relacionado también con los últimos episodios de la conquista cristiana), donde encontraremos otra señal de deslinde, que parece seguir la misma línea del collado. Delante, un gran pino muerto rompe la suavidad de la lomo de la montaña, como una metáfora de oscuro significado. El itinerario asciende decididamente y en pocos minutos nos situará encima de la cresta somital. En primer lugar alcanzaremos el Puig Ferrutx 520 m. dominando  Ferrutxet, donde encontraremos los restos de una antigua caseta de vigilancia al lado del vértice geodésico.

También por las cercanías se abre un sima cegada, de dos bocas. Los acantilados de la cara que se abre a SW hieren incluso al mirarlos. Abajo, Morellet y sus campos de siembra, los aprovechados y los olvidados. Los observa el solitario Puig d'en Borràs.

Avanzaremos por la cresta, bordeando el abismo, hasta la cima "es Bec de Ferrutx 526 m.". Desde aquí se puede casi tocar el mar. A nuestros pies sa Devesa, con su torre redonda, se ubica en un extremo de un perfecto triángulo entre la Colònia de Sant Pere  y s'Estanyol. A su lado, empequeñecida, Son Terrassa, cerca de sa clova d’en Faraig. Más arriba, en la dura y larga coma, el pas des Candeler, una ruta alternativa que algún día haremos. Para regresar rehacemos todo el camino, con otras sensaciones, con otros colores y al llegar al aparcamiento podemos acercarnos a refrescarnos en la fuente de la ermita.

 El Grupo lo formaron:

Maria,  Paco Pulido, Javi Cubero y Toni

A. Sureda

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