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Alternativas médicas
Fundacón Educacional James Randi

Esta semana nuestro escritor invitado habla sobre su batalla con el cáncer y cómo esa experiencia lo educó sobre la medicina alternativa y una cantidad de cosas tontas en las que cree la gente. Este tema es especialmente caro a mis sentimientos. Como saben los que escucharon mi charla en TAM4, perdí a mi esposa debido al cáncer en 2003. Durante ese tiempo me ocupé de sus desafíos médicos, de apoyar a nuestros hijos y con frecuencia desafiando a la gente de buenas intenciones que nos instaba a probar una panoplia de ideas médicas altamente cuestionables. Rechacé ofertas bienintencionadas de cobijas magnéticas, vitaminas especiales, hierbas y otras maravillas. La gente que vende estos remedios falsas realmente debe ser la forma más baja de la vida humana. Querer aprovecharse del sufrimiento de otros, querer disuadir a la gente de usar tratamientos médicos probados para tragarse sus disparates, es ser homicida y despiadado. No culpo ni por un momento a los enfermos por caer en esas trampas. Culpo a los charlatanes.

Pero también hay una parte de mí que se preocupó por el rótulo de "medicina alternativa". Me parece que este rótulo es demasiado amplio. Muchas técnicas tradicionales actuales alguna vez fueron consideradas audaces y sospechosas. Alexander Hamilton, durante una crisis de fiebre amarilla, fue criticado públicamente por atreverse a no seguir el procedimiento médico tradicional de la sangría cuando sus hijos se enfermaron. Ellos sobrevivieron, muchos que fueron tratados con la medicina tradicional de la época no lo lograron. Al presidente Washington, en esencia, lo mataron sus doctores, quienes le extrajeron grandes cantidades de sangre para "curar" lo que ahora se piensa que era un caso serio de faringitis estreptocócica. La "medicina alternativa" de ese momento, compresas tibias y té, podrían haber evitado un caso de muerte iatrogénica del padre de nuestra patria.1 ¿Y quién hubiera adivinado, hace 50 años, que la corteza del tejo del Pacífico produciría paclitaxel*, una importante droga anticáncer?

Lo alternativo no siempre es malo, me parece, cuando la palabra se refiere a lo nuevo y verificable. Me preocupa que, plantados con firmeza en nuestro rol de escépticos, de vez en cuando descartemos de entrada un avance médico viable e importante porque parece, en el contexto de la época, demasiado extraño. Sé por mi propia experiencia familiar que, por ejemplo, la actitud mental propia hacia la quimioterapia puede jugar un papel significativo, no en la efectividad para derrotar al cáncer, sino en la facilidad o incomodidad con las que uno soporta los efectos colaterales del tratamiento.

Así que ¿cómo distinguimos entre la "buena" y la "mala" medicina alternativa? Felizmente, el método científico nos espera como la herramienta apropiada. Los estudios doblemente ciegos, los seguimientos clínicos apropiados y la buena investigacón básica sugerirán cuáles buenas alternativas de tratamiento son útiles y cuáles son inútiles. Quiero ser muy, muy claro en esto: NO APOYO ni el más mínimo de los disparates que hoy en día se disfrazan como tratamientos médicos y no se basan en investigacón científica de calidad. Por eso me gustaría que tuviéramos dos términos para lo que hoy se da en llamar "medicina alternativa". Me preocupa que un lector pueda pensar que estoy en favor de los imanes, los cristales o los carozos de durazno en lugar de los tratamientos probados. Nada podría estar más lejos de la verdad. Lo que apoyo es lo que asumo apoya la mayoría de la gente: el sentido común. Si un método de tratar una enfermedad se demuestra verdaderamente efectivo, se conserva. Si no, se descarta. Así que un término mejor podría ser algo así como "alternativas nuevas y no probadas" y lo demás "alternativas falsas que no sirven". Quizá son demasiadas palabras, sin embargo.

A veces, sin embargo, las divisiones no son tan claras como podrían ser. Esto lo ilustran claramente las enfermedades psiquiátricas. Como ejemplo, debido a mis experiencias en el Pentágono durante el 11-S, sufro un caso de tensón postraumática que en su mayor parte se manifiesta como pesadillas peródicas. Después de un tiempo se volvieron agotadoras, de modo que busqué ayuda en lo que la Fuerza Aérea llama la oficina de "Habilidades vitales"2. Ninguna "terapia de conversacón" parecía servirme, así que me ofrecieron la oportunidad de experimentar con "Desensibilizacón y Reprocesamiento del Movimiento Ocular", o DRMO. Este tratamiento, como yo lo viví, se trata de hablar de la experiencia traumática mientras el doctor sacude un lápiz o un dedo atrás y adelante frente a uno. La tarea de uno es seguir el objeto con los ojos mientras habla del suceso perturbador. La teoría, según me la explicaron, es que el cerebro se ve obligado a ocuparse de más de una tarea. Parte del cerebro observa el lápiz, y parte piensa en las cosas malas y, juntos, las secciones del cerebro funcionan mejor.

Bueno, a mí ciertamente no me sirvó y me parece un tratamiento alternativo muy cuestionable. De hecho, mientras me sentaba allí mi mente vagaba en otras cosas y de pronto me divirtó pensar en cómo le explicaría esa tontería al Sr. Randi. Después de todo, yo era uno de los iluminados, los que reconocían los fraudes cuando los veían.

Sin embargo, investigué más y descubrí que, aunque a mí no me sirvó, la DRMO sí parece haber ayudado a otros. No puedo evitar pensar que mis sospechas a priori pueden haber condenado el tratamiento. Si hubiera creído que funcionaría, quizá lo habría hecho. ¿Qué quiero decir? Simplemente que en el caso de las enfermedades psiquiátricas, lo que me parecó a mí radicalmente alternativo puede haber sido un tratamiento efectivo para otros. Claramente esto es más probable en el área de la salud mental. Uno no puede "desear" que se cure su apendicitis. Pero debemos tener cuidado de asegurarnos que no descartamos por prejuicio sino por analizar científicamente. Creo que el escepticismo siempre es el punto de partida lógico para las afirmaciones médicas, y que a partir de allí la lógica, la evidencia y la razón deberían guiarnos.

[1]Nuestras disculpas para nuestros lectores internacionales, para quienes Washington probablemente no fue el padre de su patria. [N. del A.]

[2]Antes se la conocía más como Clínica de Salud Mental, pero hace unos años le cambiaron el nombre. Sospecho que en parte esto se produjo por la preocupacón del estigma que a veces sobreviene de buscar ese asesoramiento. en mi propio caso, confieso que a veces me siento algo avergonzado por tener tensón postraumática, pero he decidido que no debo sentirme así. No me avergonzaría, por ejemplo, tener un caso de psoriasis, así que ¿porqué debería avergonzarme hacerme tratar por los efectos derivados del 11-S? Por lo tanto, comparto esto con ustedes.

[*]El original dice taxol, pero por lo que sabemos ésta es una marca registrada. [N. del T.]

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Fraudes médicos y pseudociencia