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El mito de los antioxidantes

En los cincuenta se descubrió que cáncer, diabetes, alzheimer, párkinson, problemas cardiacos... están relacionados con la presencia de radicales libres, dos palabras que hoy son sinónimo del maligno. La culpa es de ese maldito oxígeno que usamos para quemar cosas en nuestro organismo: si fuéramos bacterias anaerobias no tendríamos tantos problemas. En los ochenta se descubrió la bala mágica que hacía desaparecer esas moléculas. La gente que comía mucha fruta y verdura tenía una menor incidencia de enfermedades del corazón, demencia, infartos... Y apareció la hipótesis que se convirtió en dogma: estos alimentos poseen muchos antioxidantes, unas moléculas que las plantas utilizan para defenderse de la oxidación galopante que desataría el oxígeno puro producido en la fotosíntesis.

El negocio de los suplementos. En los noventa, estudios sobre cientos de miles de personas encontraron que entre quienes tenían una dieta alta en vitamina E, un antioxidante, había menor incidencia de enfermedades cardiovasculares. Otros estudios de laboratorio demostraron que moléculas como el betacaroteno o los polifenoles eliminaban los radicales libres. Y se desató el negocio de los suplementos alimenticios.

Pero también en los noventa empezaron a aparecer resultados preocupantes. En 1992 se probó que el betacaroteno, en lugar de prevenir el cáncer de pulmón, lo agrava en fumadores y en otros grupos de riesgo. Respecto a las vitaminas E y C no está claro si son dañinas, pero no son beneficiosas. Así, el Women s Health Study apunta que si tienes diabetes y tomas un suplemento con vitamina C, aumenta el riesgo de ateroesclerosis.

La conclusión es que el aporte de antioxidantes en la dieta sí es beneficioso, pero son perjudiciales tomados como pastillas o extractos, las estrellas de la parafarmacia. En definitiva, ¡viva la dieta mediterránea!

Fuente: Miguel Angel Sabadell (20minutos.es)

Como ejemplo, el lector puede acceder a algunas de las webs que se indican seguidamente, suelen variar, pero es frecuente que aparezcan algunas anunciando auténticos milagros. Y sin embargo hay mucha gente que entra y se cree lo que dicen en ellas, simplemente porque "Si está en Internet, debe ser verdad".





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