Aņo 2007



Presentación de Rosalía Sala Vallejo.

 

Por D. Andrés Pacheco Guevara, en la entrega de los Premios ELIO 2007.

 

Quiero iniciar estas palabras felicitando sinceramente a quién nos convoca esta noche, la Asociación

de Amigos de la Cultura, cuya dilatada e incansable labor en pos del nivel artístico y literario de

Lorca, ha de reconocerse y resaltarse por todos los lorquinos y por quienes, sin serlo,

residen en nuestra ciudad .

Hago extensa mi más sincera y agradecida enhorabuena a los responsables del Museo Arqueológico,

quienes con su tarea de preservación y conservación de nuestro remoto pasado aportan a Lorca

el mejor conocimiento y contemplación de su historia, realzando con su trabajo y sus

exposiciones permanentes la belleza de nuestra ciudad en los tiempos pretéritos.

 

Al tiempo, constituye para mí un honor y una gran satisfacción el haber sido designado

para presentar esta noche a la profesora e investigadora Rosalía Sala Vallejo.

 

Esa sensación de agrado se incrementa enormemente, al desarrollarse este acto en este

Centro Cultural de la Ciudad, precisamente ubicado en el lugar donde hace más de cuarenta

años, cursé mis estudios primarios, por ser sede entonces, de mi recordado y querido Colegio

Público S. José.

Nada más terminar esos estudios y cuando iba a comenzar los de Bachiller en el Instituto

de Enseñanza Media de Lorca, fue cuando escuché por primera vez el nombre de Rosalía Sala.

Un día mi madre, nos dijo a mi hermano y a mí que íbamos a estudiar en un magnífico Instituto,

y que nos darían clase estupendos profesores y profesoras, y añadió ; ojalá que entre ellos

esté la hija de mi amiga Ángela Vallejo, he oído hablar muy bien de ella a sus compañeras y

dicen que está preparadísima y que explica su asignatura de forma rigurosa, pero

también muy amena .

Quizás, sin darse cuenta, nos estaba predisponiendo a los futuros alumnos para ser

un día verdaderos discípulos de Rosalía.

A los pocos años, ese deseo cobró realidad y Rosalía asumió la enseñanza de la Historia

en nuestro 4º Curso del José Ibáñez Martín.

Pronto descubrí que, en verdad, estaba en presencia de una entusiasta de la Historia, que

de forma cómoda y amena, pero contundente, transmitía a sus adolescentes alumnos,

no solo los conocimientos históricos, sino principalmente el conocimiento de la Historia.

 

Era la profesora adecuada para explicar en ese Centro.

Los lorquinos de mi generación tuvimos la suerte de recibir enseñanza en un gran Instituto, como

anteriormente la recibimos en magníficos colegios públicos.

En esos años sesenta, en una España aún perezosa intelectualmente, brillaron con luz propia

en la reinante oscuridad una serie de maestros y profesores cuya preparación cultural y cuya

amplitud de miras les hacía igualmente capaces para informar y para formar, es decir, para

transmitir conocimientos y para despejar las mentes de quienes los recibíamos.

Muchos nombres se agolpan en mi recuerdo y quiero aprovechar esta ocasión para rendirles

a todos ellos mi agradecimiento y mi mejor homenaje, con la enorme satisfacción

de que algunas de esas personas estén presentes hoy en la sala.

 

Pues bien, un lugar preferente en ese grupo de verdaderos maestros lo ocupa Rosalía Sala Vallejo.

 

Su inteligente visión de la asignatura, a la que nos aficionaba cada día, consistía en destacar, más que

los personajes principales de cada época, los acontecimientos colectivos que la marcaron, más que

las fechas significativas, los movimientos humanos de toda índole que las propiciaron, más que

las grandes batallas, las relaciones entre los pueblos que las provocaron o que las hicieron inevitables.

 

En definitiva, en sus clases no se dedicaba a contarnos historias, sino a bosquejarnos la historia.

 

Y es que, como la persona culta que es, siempre tuvo al ser humano como esencial protagonista

de su disciplina, de ahí que le gustase incidir, acentuándolas, en las grandes corrientes

del pensamiento que han conformado la historia de nuestros días.

No en vano escribió Fernando de Pessoa que cada época histórica no es sino el fruto de

un determinado estado mental.

Con Rosalía, a la vez que aprendíamos, íbamos madurando, pues en sus explicaciones, junto

a los datos, intercalaba conceptos e ideas para nosotros novedosos, como cuando dijo que

la Guerra Civil fue un episodio histórico protagonizado, no por buenos o malos, sino por

españoles de ideas contrarias, por ello su ferocidad y por ello, la tragedia que

representó para el país.

O cuando se lamentó ante nosotros de que la España de posguerra enviase gratuitamente

tropas a luchar junto a Hitler, por una causa ya perdida , siendo desplazada después, de las

prebendas económicas de quienes vencieron en la contienda europea de mitad del

pasado siglo.

También recuerdo cuando nos exhortaba a no casarnos con chicas de nuestra ciudad o las

más próximas, sino con gentes de otras tierras o incluso de otros paises, pues así - decía-

se mezclan las sangres y se comunica y avanzan los pueblos.

No es de extrañar, por tanto, que con esa profesionalidad, ese entusiasmo y esa libertad,

virtudes presididas por su óptima preparación, nos fuese haciendo como ella, adictos

a la Historia y a la vez, discípulos suyos .

Permítaseme ahora una anécdota personal; al cursar el primer año de la carrera de

Derecho en la Universidad de Salamanca, tuve la inmensa suerte de disfrutar en la cátedra

de Historia, al Profesor Tomás y Valiente. Al culminar el primero de los trimestres nos hizo

una prueba escrita a los más de doscientos alumnos de la clase, destacando ocho ejercicios,

entre los que estaba el mío. Nos llamó a su despacho y nos dirigió unas cuantas palabras

a cada uno .

AL llegar a mí dijo: no es usted el que más Historia sabe, pero sí es quien mejor conoce

la Historia. He de confesar que a mis dieciocho años me enorgulleció la observación de

ese gran maestro de la Historia del Derecho y también os puedo asegurar que en esos

instantes acudió a mi cabeza la imagen de Rosalía explicando en el Instituto de Lorca.

 

Yo plasmé en ese pequeño examen la visión de la Historia de ella adquirida, y un insigne

detectaba y destacaba tal perspectiva.

Bien, pues tras su largo paso por las aulas, nuestra homenajeada, en vez de dedicarse

a descansar , leer, viajar y disfrutar de su familia, especialmente de sus hijos, mis buenos

amigos María Angel y Ramón , y de sus nietas Patricia y Angela, tiró de vocación, y de

pluma , y comenzó a contar a sus paisanos la Historia de nuestro pueblo, de nuestra gente

y de algunos y algunas de nuestros más destacados conciudadanos.

Dijo Josep Pla: es más dificil describir que opinar. Infinitamente más. En vista de lo cual

todo el mundo opina.

Pero mucho antes había dicho Cicerón, que la verdad se corrompe tanto con la mentira

como con el silencio.

Hay que atreverse a descubrir la verdad, y a describirla para los demás. A eso está

dedicada desde hace años Rosalía Sala.

Su honda formación humanista y su inquietud cultural, sin duda heredada de su padre,

D. José Sala Just, le impedían detener su actividad al jubilarse y decidió seguir investigando

y así, regalarnos a sus lectores, amplios y rigurosos conocimientos sobre la vida de nuestros

antiguos y próximos antepasados.

No es el momento ni hay tiempo para glosar aquí uno a uno todos sus libros. Ya lo hicieron

con enorme acierto, entre otros, Horacio Capel Sáez, al presentar "Lorca y su Historia" y

Carmen Navarro Martínez, al presentar "Las Mujeres en la Historia de Lorca".

Ahora la Asociación de Amigos de la Cultura, otorga uno de sus Premios ELIO, no a una

obra determinada de una persona, sino a la propia persona, esto es, a su vida y a su

obra completa , como parte esencial de esa vida.

Sí quiero recordar brevemente, como el catedrático Capel, destacaba ya en 1.998, la

atinada integración en los libros de Rosalía de la historia general de España y la historia

local, lo mismo que hace con los acontecimientos de todo tipo, convirtiendo sus escritos en

historia a la vez económica, política, social y cultural.

Ya se veía venir esto en sus lejanas explicaciones del Instituto. Espero que a estas alturas

no siga sosteniendo que no es una escritora, sino que solo ha sido durante muchos años una

profesora de Historia, pues ambas facetas, felizmente combinadas, han formado su singular

personalidad y han completado su vida.

También estimo dignas de recordar las palabras de la Abogado del Estado, Carmen Navarro,

cuando en 2.002 destacaba las alusiones de Rosalía en su libro a la revolución inconclusa

de las mujeres en el siglo XX, atisbando para la actual centuria el asentamiento, la consolidación

y el ejercicio de las conquistas realizadas, es decir, la conversión de la igualdad legal en

igualdad real.

Algo de esto anidaba ya con seguridad en su mente, en aquellos años sesenta .

Y todo ello sin olvidar su obsesión por el Consejero, como insigne lorquino y como lugar entrañable,

tal y como ella escribió , en 1.995 sobre Robles Vives y sobre su terruño y tal y como aún sigue

investigando acerca del político y erudito.

Estamos, como adelanté, ante una humanista que, como tal, contempla la vida que le precedió

o que le rodea, la asimila, la valora, y la describe a los demás.

Su labor es creativa y transmisora, y, por ende, a la vez artística y científica, como la de los

grandes historiadores, aunque ella insista en excluirse de ese grupo.

Rosalía, escribió Jean Paul Sartre, que la felicidad no es hacer lo que uno quiera, sino querer lo

que uno hace. Yo creo que tú has logrado redondear las palabras del pensador, a lo largo de

tu vida has hecho lo que has querido, pero sobre todo, siempre has querido mucho lo que

has hecho .

Tal vez hayas alcanzado así la felicidad completa, de la que todos te deseamos que disfrutes

durante muchos años.

Hasta aquí he narrado mi visión sobre las dos grandes facetas de Rosalía, la didactica y la

literaria, ambas siempre enfocadas al estudio de la Historia.

Pero hay que aludir, siquiera sea someramente, a las otras Rosalías, a la persona adelantada

de su tiempo, a la defensora de la mujer, a la política entregada, a la madre y abuela ejemplares,

a la colaboradora del Aula de Mayores de la Universidad de Murcia y, en suma, a la trabajadora

constante y entusiasta en todas las facetas de la vida en las que has dejado tu huella.

Un dato curioso: cuando lo estimaba necesario también ponía manos a la obra;

durante un tiempo, además de enseñar Historia, enseñaba a conducir, cuando en España

todavía sorprendía ver a una mujer dirigiendo un automóvil.

Termino diciéndote algo muy personal sobre tu biografía y tu obra, las que hoy se premian,

y para ello me acojo a la idea que expresó D. Antonio Machado cuando contempló un

magífico cuadro del pintor abstracto Fernándo Zóbel.

Ante ese perfecto equilibrio, ante esa lograda armonía entre la creación y la belleza, opinó

del cuadro lo que yo de tu obra: tiene la soledad de un campo y la alegría de un jardín.

 

Enhorabuena a ti y a quienes te han distinguido con un ELIO 2.007, y muchas gracias a

todos por escucharme.

 

Lorca , a 9 de Noviembre de 2.007.

Entrega de los Premios ELIO, 2007.

--------------

De izquerda a derecha:

D. Andrés Martínez Rodriguez.

Dña. Rosalía Sala Vallejo.

Dña. Ascensión Pérez-Castejón Abad .

D. Francisco Jódar Alonso.

D. Andrés Pacheco Guevara.

D. Sebastián Ramallo Asensio.

Dña Ana Emilia Martínez Gallego.