Mis Cuentos Cortos


Autor: Liberto Brun Compte.

25 de Julio del 2003. 

Encuentro de Civilizaciones   

Corría el año 2095 y ya se habían cumplido más de 25 años desde que el desarrollo tecnológico terrestre había permitido enviar naves tripuladas a Europa, la tranquila luna de Júpiter que siempre se mostró receptiva a las visitas terrícolas pero que ahora daba muestras de estar siendo visitada por naves desconocidas, tanto en lo que se refiere a su procedencia, como al respecto de los seres que podrían tripularlas... pero era real; la sonda terrestre exploradora Orfeo, que circundaba Europa cada 8 horas, había detectado unas luces centelleantes y muy continuas que permanecían sobre la helada superficie del satélite más visitado por los terrestres, (después de su propia Luna, por supuesto). ¿Serían, finalmente, otros seres inteligentes del sistema solar que nos visitaban en una parada intermedia? 

El alto mando terrícola actuó de inmediato para enviar a sus emisarios mejor preparados y tener un encuentro con esos posibles extraterrestres que, ¡al fin!, se dejaban ver.  Se envió un mensaje a la nave terrícola Astroseti, al mando del comandante Relffo, que estaba inspeccionando el polo norte de Marte y recibió instrucciones para que sin pérdida de tiempo se reabasteciese de combustible espacial y se dirigiera rumbo a Europa para tratar de entablar contacto con aquellos posibles seres de un avanzado sistema. De camino a Europa serían muchos y muy variados los sentimientos que experimentarían los tripulantes de la Astroseti. Las preguntas surgirían en las mentes de todos pues sólo el comandante sabía a donde se dirigían y para qué, pero la férrea disciplina del comandante los obligaba a permanecer ensimismados, cada uno en sus propios pensamientos.

Finalmente, la espera llegó a su fin cuando el comandante Relffo citó a sus capitanes a una junta de carácter urgente, mientras dejaba sus instrucciones bien claras en el puente de mandos: 

¡A toda potencia hacia Europa y mucho cuidado con el cinturón de asteroides, no queremos acercamientos desagradables! - fueron las palabras del comandante Relffo al navegante en turno Otrebil. 

Si señor, - la voz del navegante se dejó oír, extrañado del cambio de planes que los alejaba de las investigaciones primordiales de la investigación de un posible manto acuífero a 100 metros de profundidad en la superficie marciana; pero sin mayores preguntas organizó el panel de controles y puso rumbo a Europa.  

Los 3 capitanes ya estaban acostumbrados a obedecer órdenes pues conocían ampliamente que su comandante no bromeaba con las instrucciones, pero aún así, desconocían que es lo que pudiera haber sucedido. Ya reunidos en el salón de pláticas y a puertas cerradas, el comandante les dijo: 

Todos recordáis que a finales del siglo pasado entre los años 1985 y 1999 la humanidad comenzó a experimentar una nueva contaminación adicional a la ya creada en la superficie de nuestro planeta y está fue la contaminación del espacio. Ya en 1986 cuando la nave francesa Ariane explotó en el espacio, el accidente originó más de 700 pedazos que continuaron girando alrededor de la Tierra a velocidades de varios kilómetros por segundo. Después se detectaron más de 10.000 objetos de más de 10 centímetros de diámetro y que tuvimos aviso que deberían ser evitados pues se mueven a velocidades mayores que una bala de cañón. También las agencias espaciales acordaron a principios de nuestro siglo actual que se acordaría una legislación internacional. Como todos sabéis esto tardó mucho tiempo en llevarse a cabo. Muchos trozos de naves al reentrar a nuestra atmósfera, se queman o estallan ó inclusive llegan a caer en lugares donde permanecen incandescentes por un largo espacio de tiempo. Se supone que algunas pudieron llegar a convertirse en ‘seguidoras’ de nuestras propias naves hacia Júpiter. 

Se miraron entre sí los 3 capitanes como si se preguntaran a dónde quiere el comandante conducirnos con todo esto, pero guardaron silencio y esperaron.

Pues bien señores, se cree que en la luna Europa de Júpiter, pueden haber caído unos grandes trozos de alguna de  nuestras naves ó... y aquí fue donde lentamente expuso la posibilidad,...finalmente existe la posibilidad de que naves de otro sistema solar nos estén visitando, pues han sido vistas varias luces fijas en una zona intermedia de Europa. ¡Esa es la misión que se nos ha encomendado! Averiguar si se trata de esto último y tratar de entablar contacto con ellos.

Las caras de sorpresa de la capitana Anaicul, del capitán Emitra y del capitán Oeribla estaban para una foto.

 Deberemos de revisar todas las existencias de a bordo y ver que no falte nada en cuanto a necesidades básicas, alimentos, medicamentos, armamento completo y combustible suficiente para una estancia más prolongada de lo normal y para el retorno a la base terrestre a informar en privado el detalle de todas nuestras investigaciones y posible encuentro con esos otros seres.

 Cuento con vuestra discreción para informar al resto de la tripulación de la manera más acertada acerca de lo que vamos a realizar, para que estén preparados y sepan que vamos a formar parte de la historia en la que por vez primera se logró tener contacto con otros seres fuera del sistema solar. 

Ya de retorno al puente de mando, el comandante Relffo se dirigió a su sillón de control y alertó a toda la tripulación de la nave Astroseti, que sus capitanes les pondrían al tanto de la delicada misión que les había sido asignada y que era el más alto honor que se le podía conceder a una nave terrícola. Muchas otras naves se encontraban en diferentes misiones, pero el alto mando en California había decidido que nuestra nave era la mejor preparada para esta misión. 

Repuestos de su asombro, cedieron la palabra a la capitana Anaicul quien se dirigió en especial a todo el elemento femenino que viajaba en la nave y les indicó que deberían actuar con conocimiento y cautela para no dejarse llevar por sus impulsos y que más que nunca deberían de estar alertas a todas las instrucciones y conocimientos adquiridos a través de todo su entrenamiento.  El capitán Emitra también solicitó que todos recordaran lo que habían aprendido acerca de los posibles contactos con objetos y/o muestras extrañas y que tuvieran igualmente mucha atención a todo lo aprendido con anterioridad, y como estaban turnándose en ir dando la noticia, fue finalmente el capitán  Oeribla quien les dijo que ahora sí se dirigirían a Europa para determinar si unas luces que habían sido detectadas en su superficie, eran posibles naves de desecho incendiadas y caídas sobre ella o si se trataba de naves de otro sistema, pues ya llevaban 2 días de permanencia en la superficie, sin cambio y con la misma intensidad, y que por lo tanto, podría tratarse de naves de extraterrestres.  

Finalmente, el comandante Relffo agregó que los felicitaba a todos, pues formaban parte de la tripulación de la única nave que había sido elegida por el alto mando Terrícola para tan delicada misión.  

El viaje procedió con toda normalidad hacia su destino y gracias al combustible espacial y al diseño muy particular de la nave, ésta comenzó a pasar con toda celeridad y atención del navegante Otrebil por en medio del cinturón de asteroides, evitando a algunos de ellos con la misma celeridad con que la nave viajaba. Comenzaron a acercarse a Júpiter en un viaje de dos semanas. Las informaciones que se recibían de Tierra eran continuas y seguían relatando la permanencia de las extrañas luces posadas sobre Europa. 

El nerviosismo era un factor que estaba presente en la gran mayoría de la tripulación. “¿Sería real y posible, finalmente entablar comunicación con otros seres?” “¿Estarían realmente tripuladas esas naves?” “¿Llevarían sólo módulos de comunicación?” Estas y mil preguntas más surgían en las mentes de muchos. Pronto lo sabrían. El avance había sido sorprendente y ya se encontraban muy cerca del punto clave.  

La información de Otrebil resonó en el salón principal de mandos, donde el comandante y los capitanes se encontraban frente a sus monitores: “estamos entrando en área de posible contacto visual a través de las pantallas, sugiero que se dé comienzo al envío de señales auditivas con sonidos de la escala musical. Nuestras voces o palabras no creo que puedan ser reconocidas”.

Se encendieron los monitores para el contacto con la nave exploradora Orfeo en órbita, que tenía sus cámaras enfocadas ahora permanentemente sobre los objetos luminosos en la superficie de Europa, y éstos fueron finalmente vistos por toda una absorta tripulación del Astroseti.  Sus formas de disco dejaban claramente ver a dos naves de tamaño medio posadas sobre la congelada superficie de Europa, con unas luces especialmente colocadas en los extremos y una más grande e intensa en su parte media. El enfoque era tan excelente que claramente podían percibirse sus formas, diseño y luces, y hasta  una torreta central con una larga antena en forma de jabalina. 

El comandante, los capitanes, el navegante y toda la tripulación no salían de su asombro. Pero este asombro, no iba a terminar ahí, pues antes de que ellos mismos pudieran reaccionar y comenzar a enviar las señales que se habían propuesto hacer llegar a esas naves, una voz se dejó oír claramente en sus altavoces. “Bienvenidos a este pequeño mundo de hielo, Terrícolas”. 

Si no hubieran tenido la preparación que tenían los tripulantes de la Astroseti, más de uno hubiera tenido que ir a cambiarse de pantalones. 

“Venimos en son de paz, y esperamos que vosotros así lo aceptéis”. Se hizo un silencio a la espera de una respuesta. Pasado un momento de asombro se escuchó la voz del comandante. 

Bienvenidos a nuestro sistema solar, somos habitantes del planeta Tierra, ese punto azul que se puede detectar mirando a la derecha del planeta gaseoso que tenemos aquí a un lado y que nosotros llamamos Júpiter, también os deseamos paz y queremos saber de donde habéis llegado. 

“Venimos de Alpha Centauri y somos el resultado de vuestras propias almas, que vosotros aún no habéis sabido descifrar y encontrar; lo que quizá, dentro de 200 años más de vuestro tiempo terrícola, lleguéis a descubrir”. 

El asombro iba en aumento, segundo a segundo, en todo el personal de la nave. La conversación, por demás inesperada, estaba siendo grabada. 

“En la Tierra habéis detectado que las células se dividen y se reconvierten en dos individuos idénticos, cuando una célula muere es reemplazada por otra, y así sucesivamente, sin embargo este proceso no es eterno, tiene un límite y se ha determinado que después de cincuenta veces, las células se han debilitado y mueren. Sin embargo, hemos encontrado que las células normales tienen aparentemente un mecanismo en alguna parte dentro de su núcleo, que les permite recordar el número de veces que se han dividido. Lo que es más, esta memoria ‘sobrevive’ aún en las células que han sido almacenadas por largos períodos de tiempo a muy bajas temperaturas en nitrógeno líquido”. Continuaba el mensaje desde una de las naves posadas en Europa. En la nave Astroseti todo era silencio. 

“Si se han almacenado después de su desdoblamiento número veinte, entonces al reactivarse aún vuelven a tener la capacidad de treinta desdoblamientos más, pero siempre con un total de cincuenta. Eso es lo que se ha encontrado en vosotros los seres humanos, aunque es sumamente intrigante que este límite de desdoblamientos no aplica para otro tipo de células, como son las cancerosas y las de la línea de germen (huevo y esperma) que en particular parecen ser inmunes al envejecimiento. ¡Estos son realmente los comodines dentro de la baraja!” 

Las informaciones iban siendo grabadas continuamente, bajo el asombro de todos que no se perdían ni una sola palabra de lo que se recibía. 

“Mucho de esto no debería de ser desconocido para vosotros, pues ya desde 1885 vuestro biólogo Weismann lo había distinguido, entre lo que el llamó el germen-plasma humano (el material cromosómico involucrado en la reproducción) y el resto del cuerpo o ‘soma’.  A la vista de esto, podríamos pensar acerca del problema de la  muerte en otra forma a la que se ha pensado hasta ahora.” 

“Deberéis de  buscar los orígenes de la mortalidad humana a un nivel molecular, ya que el secreto de la vida se encuentra entre los entramados ensamblajes de esa peculiar y única sustancia el ácido desoxiribonucleico o ADN”. 

Eran tan contundentes las palabras del mensaje, que nadie se atrevía a interrumpir las voces que llegaban desde esa nave posada sobre Europa y que cada vez proporcionaba más información, la cual era ávidamente escuchada y grabada por los tripulantes de la nave Astroseti. 

“El cerebro humano fue el primero de vuestro planeta en ser capaz de proyectar sus pensamientos hacia el futuro, en ser capaces de predecir eventos basados sobre experiencias ya vividas. De ahí que, inevitablemente, fue el primer cerebro en prever su propio final. Y esa fue la tragedia en la historia de la caída del Edén: con el nacimiento del ego, la muerte entró en vuestras conciencias”.  

“Todo esto, ha hecho que viváis creyendo en la existencia de un más allá, pues os negáis a aceptar que cuando el final llega, todo ha terminado y os mostráis renuentes a aceptarlo, es por ello que se forman ideas respecto de reencarnaciones, vidas después de la muerte y trasmigración de las almas; todo ello por querer asistir a un interminable ciclo cósmico universal del cual formáis parte pero del cual nunca os será posible conocer más de lo que vuestra capacidad receptiva esté dispuesta a sobrellevar en un instante dado.” 

“Y ahora, después de este mensaje, permitidnos que os digamos que esta grabación tele-transportada por nuestra nave, enmudecerá después de las próximas y últimas palabras.  Os esperamos en Alpha Centauri dentro de 1.000 años, cuando hayáis aprendido el respeto entre los pueblos y las personas; la no contaminación ambiental y cósmica, y que tengáis más claro qué es lo que verdaderamente tenéis que hacer para la supervivencia de vuestra mente”.

“Este ha sido un mensaje de vuestras propias almas, enviado al futuro y que ha retornado en una época en la que quizá ya estéis preparados para comprender muchas cosas”. 

La transmisión llegó a su fin y los boquiabiertos tripulantes vieron como las naves que habían permanecido en sus pantallas desaparecían y los altavoces quedaban mudos al igual que quedaron todos aquéllos que formaban la tripulación de la afortunada nave Astroseti. Sin salir de su asombro, sabían que tenían que regresar rumbo a casa... y lograr transmitir este difícil mensaje de sí mismos proveniente del futuro. ¿Les creerían?.


 

Escrito de Liberto Brun Compte

20 de Octubre del año 2003.

Dios Padre era astrobiólogo 

Hace millones de eones, cuando ni el universo actual había sido formado, existía una inmensa comunidad, en otro éter, dedicada a la preparación de eminentes genios y denominada el Ultra Cosmos. Las tareas que allí llevaban a cabo estaban destinadas a la experimentación de posibles formas de creación que pudieran duplicarse a sí mismas y llegar a crear con el tiempo una especie que pudiera llegar a dominar sobre las demás, pero siempre con una meta en mente: la supervivencia perpetua en total armonía con el medio ambiente en donde fuese colocada.

Los alumnos que formaban parte de este Numerus Clausus, habían sido informados del trabajo que deberían de presentar a concurso y de la documentación que tendrían que anexar a su trabajo para que este fuese considerado con la posibilidad ulterior de ser llevado a la práctica. 

¡Qué gran reto! Dios Padre (sí, ese era el nombre del alumno aventajado del grupo) estaba que no cabía en sí de alegría al conocer que el premio del concurso, si lo ganaba, le permitiría perpetuar su nombre y ¡quien sabe, si hasta su imagen! 

Tenía siete meses para terminar su trabajo, documentarlo y lograr con ello el premio del primer lugar en su clase; así, de esta manera, tener la opción y la alegría de llevarlo a la práctica ante el reconocimiento de toda la Universidad Ultra Cósmica (UUC). 

Encerrado en su casa durante una semana, comenzó a tomar notas al azar para elaborar un plan de trabajo que le permitiría llevar a la práctica todo lo que tenía en su mente. Ubicación, tamaño, proporciones, colocación estratégica, formas de desarrollo, crecimiento, convivencia, compañía, soledad, conocimiento... bueno, todo aquello le daba vueltas en la cabeza y no lo dejaba terminar de ver la parte medular de la cual había partido el proyecto que comenzaba a tomar forma en su pensamiento. Debería encontrar la manera de generar un lugar inicial en donde la permanencia fuese posible por un tiempo infinito, que rodeara al mundo de su creación y que le permitiera observar su crecimiento, desarrollo, avances y retrocesos, que seguramente surgirían por el medio ambiente, qué él crearía en la ubicación exclusiva de su elección. 

Y así, comenzó a consultar volúmenes y más volúmenes de libros históricos, filosóficos, geográficos y astrobiológicos de los que se encontraba dotada la Gran Biblioteca de la Universidad del Ultra Cosmos. Por su mesa de estudio desfilaba libro tras libro. Los apuntes comenzaban a llenar una gran cantidad de páginas que deberían conducirlo a la elaboración del planteamiento final. Recordó aquello de: “Vamos montados en la cúspide de la cresta del ahora, entre el inalcanzable y conocido pasado y el alcanzable y desconocido futuro...  prisioneros del presente”. ¿Qué lugar escoger de entre los cientos que había disponibles?... ninguno, se había dicho, yo lo crearé en el propio laboratorio y haré que surja brillante y muy notorio por encima de todos los demás ya existentes. 

Ese lugar se expandiría continuamente y lo formarían miles de millones de galaxias con miles de millones de estrellas de todas las clases, enanas brillantes, medianas relucientes y gigantes blancas, rojas y amarillas. Muchas de estas estrellas que serían soles tendrían cuerpos a su alrededor que los denominaría planetas y éstos, a su vez, tendrían cuerpos girando en su entorno, que él los denominó lunas. Pero lo más importante sería encontrar en cual de esas galaxias desparramadas por ese nuevo Universo habría que poner un sistema solar que le permitiese tener dichos soles que con sus planetas tuvieran las condiciones ideales que el buscaba. Después, colocar el planeta que debería de llenar los requisitos para, sobre de él, insertar la vida que tendría que sobrevivir, crecer, multiplicarse y hacerlo además prosperar para ser una entidad importante más, dentro del enorme y vasto conjunto del Cosmos en el cual él vivía en esos momentos. 

Pensó en el tamaño que debería tener este sistema solar, el calor que debería de proporcionar el sol central y la distancia idónea para ese planeta especial, de manera que los rayos de la energía solar le proporcionasen el calor requerido para sostener la especie de vida que tenía en mente. Quizá dejaría algún otro planeta en una órbita más cercana y otro en una más lejana para dar opciones a posibles casualidades que pudieran surgir después de su creación. Determinó las masas, distancias, tamaños, rotaciones alrededor del sol central e inclinaciones sobre su eje de rotación del planeta, de manera que pudieran formarse estaciones diferenciadas unas de otras.  

Razonamientos matemáticos adicionales acudieron a su mente que comenzaba a derramar ideas provenientes de su cerebro y que su ser interior le decía que interpretase para ponerse a trabajar. Se dijo a sí mismo: “el tres, el seis y el nueve debo dejarlos fuera del cálculo, pero ¿cómo debo colocar el orden de los otros números para que al multiplicarse me den una continuidad de la numeración en el mismo orden en que los coloque?” Esto no lo dejaba descansar muy tranquilo y se levantaba por las noches ensimismado en sus cálculos. Después de varios días exclamó: ¡al fin, lo he descubierto!, colocó primero el uno, después el cuatro luego el dos, el ocho, el cinco y el siete y así obtuvo el número que multiplicado por los cinco siguientes después del uno, le dieron una serie especial. Y así lo escribió: 

142857 multiplicado por 2 es igual a 285714

142857 multiplicado por 3 es igual a 428571

142857 multiplicado por 4 es igual a 571428

142857 multiplicado por 5 es igual a 714285

142857 multiplicado por 6 es igual a 857142 

Pero no satisfecho con esto, fue más lejos en sus cálculos y se encontró que sumando los resultados de estas cinco multiplicaciones, llegaba, interesantemente a la cifra de la primera multiplicación inicial pero con un cero al final; pero... seguía manteniendo la continuidad. La cifra resultante era 2857140. Pero, además, el resultado de multiplicar por 7 el número especial, lo convertía en todos nueves (999999). La serie de multiplicaciones subsecuentes le ofrecía unos resultados muy interesantes donde se mantenía el orden de colocación de cinco de los números y el sexto quedaba formado por la suma del primer y último dígitos del resultado.  

Recordó que su maestro Bode le había explicado que si escribía una serie de números 4 (se preguntó si sería por aquello de la 4-D) y le sumaba cero al primero, 3 al segundo, 6 al tercero, 12 al cuarto y así sucesivamente, duplicando cada vez el número anterior y luego cada nuevo número obtenido lo dividía entre 10, esto le daría como resultado una aproximación muy notable de la distancia media que debería de tener un planeta a su Sol para que el sistema se mantuviese estable, cosa que él, Dios Padre, estaba buscando. “Veamos”, se dijo y preparó la siguiente lista: 

Planeta                    A      B      C      D       E       F       G        H

Poner el 4                4      4       4      4       4       4       4        4

Sumarle                   0      3       6     12      24     48      96     192

La suma entre 10     0.4   0.7    1.0   1.6     2.8     5.2     10     19.6 

¡Claro! Este resultado era muy significativo; sería la distancia a la que debería colocar cada planeta dentro de su sistema solar. Además, le daría el lugar tercero que daba un número entero a su planeta ideal. 

 ¡Quedó maravillado! No cabía en sí de gozo y fue a comentarlo con su profesor de física, quien le recordó que no olvidase que existían también unos números que se les denominaba “número mágico” y que son el 2, 8, 50, 82 y 126. Que no debía olvidar que los núcleos de los elementos que contienen un número mágico de protones o neutrones son de una estabilidad excepcional. Que la relación de distancias de los cuerpos a un punto central va también en función de unas series matemáticas. 

Olvidar, se dijo para sus adentros, ¡como me voy a olvidar! Después de haber tenido que repasar sus clases de física atómica, cuántica y nuclear, todo aquello comenzaba a volverse más claro en su mente. Las matemáticas le hacían colocar puntos alrededor de un eje central. Los nombres químicos desfilaban por delante de sus ojos y el hidrógeno acompañaba al oxígeno y al carbono, para después aparecer elementos más pesados, hierro, plomo, uranio y todo el sistema periódico de los elementos.   

Estando ya casi en la puerta para retirarse, su profesor le recomendó que fuera a consultar con el decano filósofo de la Universidad quien le podría dar igualmente muy buenos consejos. Animado por sus investigaciones y atento como siempre a los consejos de sus maestros superiores, Dios Padre acudió a saludar al gran sabio quien lo recibió con una sonrisa y le dijo: “Antes de que comencemos a platicar desearía recordarte que no debes olvidar leer entre palabras todo lo que sabes oír del silencio”. Agradecido tomó asiento y le expuso al maestro cual era el verdadero problema que el sentía y que le intrigaba respecto de todo su proyecto. 

Su problema principal radicaba en la parte central de su plan que consistía en colocar el núcleo apropiado para el surgimiento de vida. Una vez logrado esto, sería más fácil establecer diferentes parámetros que permitirían la evolución de toda una serie de especies que deberían de luchar por obtener su permanencia dentro de ese nuevo mundo. Su maestro lo miró dulcemente y le dijo: “hijo mío debes repasar tus libros de biología y si se hace necesario consultar con tus maestros del tema, no dudes en hacerlo, pues no olvides que los labios de la sabiduría, están cerrados excepto para los oídos de la razón”. Cuando hayas terminado con ellos entonces vendrás nuevamente conmigo. Dios Padre lo miró con cariño y agradeciéndole el consejo se retiró hacia su casa a reunir los mayores datos posibles antes de acudir a los eminentes biólogos de la UUC. 

Habían pasado ya tres meses en los que había estado juntando información, de aquí matemática, de allá física, de más allá química y muchas otras más. Pero en estos momentos se encontraba absorto en la parte biológica, zoológica y botánica en lo que al núcleo se refiere. No quería llegar con sus maestros y comenzar a hacerles preguntas que pudieran reverterle y ponerlo en entredicho. Comenzó a escribir primero los datos de lo que debería de entenderse por núcleo desde el punto de vista biológico: “Órgano principal de las células eucariotas, contenido en el citoplasma del que los separa una membrana”. “Conjunto de neuronas en el sistema nervioso central”. Esto comenzaba a ponerlo nervioso a él. Después recopiló el aspecto botánico: “Orgánulo celular que en los vegetales se halla separado del citoplasma por una doble membrana nuclear en cuyo interior se aprecia un corpúsculo esférico o nucleolo, que da origen a los ribosomas, y una especie de fibras delgadas y granos de ADN combinados con proteínas, que corresponden a los cromosomas. Las dos principales funciones que realiza el núcleo son: controlar el desarrollo de las actividades celulares (qué sustancias y en qué momento deben producirse), y almacenar la información genética que pasará de padres a hijos”. Bueno, se frotó las manos, estamos en el camino correcto, esto sí me va a ayudar con todo el plan que llevo en mente. Veamos ahora qué puedo resumir de la interpretación zoológica y ya después tendré un merecido descanso. “Estructura celular, generalmente esférica u ovoidea, que tiene gran importancia en la herencia celular, ya que en él se encuentran las instrucciones que rigen la morfología y el metabolismo de la célula completa. En el núcleo se pueden distinguir las siguientes partes: membrana nuclear, finísima capa que lo separa del citoplasma y que posee algunos poros que permiten el intercambio de materiales; cromatina, sustancia constituida químicamente por ácido desoxirribonucleico (ADN), portador de la información genética, que durante el reposo nuclear se presenta formado por una simple red de filamentos, pero al entrar en actividad reproductora adquiere una estructura especial formando cuerpos denominados cromosomas; por último el nucleolo, estructura redondeada fácilmente distinguible, está formado por ácido ribonucleico (ARN)”. Bien, el estudio le había tomado casi un mes más pero creía que ya había encontrado lo que tanto buscaba y que estaba listo para visitar a sus maestros. Aquello había sido la parte medular de toda su idea y ahora comenzaba a verlo todo más claro. Pero había pasado algo por alto. Estaba camino de realizar su visita cuando recordó que no había anotado las funciones principales que son inherentes a la célula y que deben de tenerse presentes. 

Bien, de regreso a casa y a los libros. Célula, célula... aquí está: “Hay que distinguir tres funciones principales: de nutrición, relación y reproducción. La primera consiste en la captura de nutrientes del medio externo y su posterior transformación en sustancias constituyentes de la propia célula. Se libera energía y se generan sustancias de deshecho que habrá que eliminar. La energía se almacena en la célula en forma de compuestos químicos, generalmente glucosa; parte de ella liberada durante los procesos respiratorios y otra parte que se emplea en las reacciones metabólicas que lo precisen. Las funciones de relación permiten la comunicación de la célula con el medio y con otras células por medio del movimiento y de la irritabilidad o excitabilidad. La función de reproducción es la de propiedad de originar seres vivos semejantes a quien los produce y estas pueden efectuarse sexual o asexualmente, dependiendo de la formación o no de células especiales que intercambien su material genético”. Bueno, ahora sí. Todo esto le había comenzado a dar nuevas ideas. ¿Se las diría a sus maestros? ¿Les preguntaría realmente todo lo que bullía en su cabeza? O, simplemente, ¿les haría preguntas que no descubrieran lo que su cerebro había ya comenzado a redondear respecto de todo su trabajo? 

Se acercaba el sexto mes y era preciso ir a ver a los profesores, se lo había comentado al gran filósofo y este seguramente les habría dicho algo. No era oportuno enemistarse con ninguno de ellos.

Con esta idea en mente y todos sus apuntes correspondientes hizo las citas pertinentes según el tema que se tratase: Los profesores de biología, genética y las demás ramas relacionadas le concedieron la entrevista pues ya conocían de su participación en el gran concurso que ya pronto llegaría a su fin y que deberían de juzgar y calificar para su posible puesta en práctica. 

Ya reunidos les expuso su plan estratégico y su idea acerca de como partir, después de la creación de su universo, para implantar vida en un sistema solar donde se podría desarrollar vida, donde se debería de colocar una célula hermafrodita auto reproductora que fuese avanzando genéticamente y que mediante las condiciones físicas, químicas, biológicas, climatológicas y de energía en ese entorno ambiental llegase a separarse para crear un ser de reproducción sexual diferenciada. Presentó sus ideas respecto del ADN y el ARN, y estableció que este mundo sería único por espacio de muchos millones de millones de años. 

El asombro de los profesores fue mayúsculo pues no se esperaban que un alumno tan joven (contaba sólo 250 años ultra cósmicos, de los 1000 de promedio de vida) pudiese presentar un plan de creación de esa magnitud. Las respiraciones de Dios Padre habían permanecido inalteradas en 180 (lo normal en el UC) para no denotar ninguna inquietud. Sólo le aconsejaron que debiera de agregar algunos detalles en los ciclos solares de su universo y fijar algunas normas para esas galaxias y constelaciones que había predispuesto que existirían a efecto de que tuviesen puntos de comparación sus futuros habitantes (cuando los hubiese). Agradeció las indicaciones y se retiró a su casa a realizar los cálculos y acabar de poner esos últimos detalles en su trabajo.  

Sí, pondría a su creación dentro del nuevo Universo en un punto donde el planeta escogido tuviera una relación de constelaciones que girasen dentro de su eclíptica que dividiría en doce segmentos de 30º de longitud cada uno y que sería la trayectoria que describiría ese planeta alrededor de su sol. Esto haría que el tránsito de ese sol por cada uno de los segmentos de la eclíptica le tomaría 2160 años de ese planeta en cambiar al siguiente segmento y esto a su vez resultaría en 25,920 años para completar el ciclo. Todo esto vendría bien, pues dentro de su plan estaba estipulado que en ese planeta existirían 4 tipos diferentes de seres superiores y los nombró razas, que serían negra, amarilla, cobriza y blanca y cada una predominaría por medio ciclo eclíptico o sea una cifra muy cercana a los 13,000 años. Pero de esto él no mencionó nada aún. 

Ya sólo quedaba por ir a ver nuevamente al gran maestro filósofo, quien como siempre, lo recibió con una amplia sonrisa. “Pasa hijo mío, recuerda que a mí no me puedes ocultar nada”. Dios Padre se ruborizó un poco, sonrió y le dijo: “No maestro, todo lo he ido preparando y consultando según los preceptos que usted mismo me enseñó”. “Inclusive he pensado en el ser que habitará ese lugar, tendrá respiración pulmonar como nosotros, pero tendrá aproximadamente 18 respiraciones en un minuto, equivalentes a 25,920 respiraciones en 24 horas, lo cual será equivalente al gran ciclo en el cual las constelaciones zodiacales dentro de la eclíptica de ese sistema cierran su vuelta zodiacal”.  “Bien”, dijo el maestro, “veo que has escogido conceder a tu creación un equivalente de lo que sucede en nuestro Ultra Cosmos pero con unos ceros menos”. 

“Deberás prepararte para el gran día y recordar que debes mantener la calma y serenidad para no cometer equivocaciones en tu presentación”. El mensaje había sido recibido y ya sólo quedaba esperar el gran día. 

Concluyó el séptimo mes y todo el profesorado de la Universidad Ultra Cósmica se reunió para recibir las presentaciones de los proyectos que habían contado con su aprobación. Obviamente, entre los tres proyectos finalistas se encontraba el de Dios Padre. 

Al igual que en una tesis profesional, los tres candidatos fueron presentando sus proyectos y respondiendo a las diferentes preguntas que surgían del jurado calificador. 

Finalmente después de tres días de deliberaciones, llegó el gran día de la decisión final, el momento de otorgar a uno de los participantes el grado de gran creador y permitirle llevar adelante su proyecto.  

El resultado final favoreció a Dios Padre. ¡Lo había conseguido! Su proyecto había sido considerado como la máxima obra de creación que debería de ponerse en práctica, lo cual daría culminación y punto final a tan maravillosa obra. ¡Al fin podría tener un universo propio de su particular creación! Su satisfacción no tenía límites. 

Dios Padre pidió la autorización para preparar ciertas mezclas en el laboratorio de química; todos se dirigieron a la gran aula de análisis y reacciones y observaron como Dios Padre comenzaba a mezclar toda una serie de ingredientes explosivos y de otras índoles a los cuales unió una microscópica cápsula especial que nadie pudo observar y que contenía unas células de su propio ADN. La agregó a la mezcla y entonces... 

...¡Ocurrió el Big Bang! 

La explosión fue tan tremenda y espantosa que hizo saltar por los aires a toda la Universidad del Ultra Cosmos. Pero... ¿Qué fue de Dios Padre? 

Seguramente lo han adivinado, sus células de ADN quedaron sembradas en el tercer planeta del nuevo sistema solar que había diseñado con tantos esfuerzos y qué a través de eones del tiempo deberían de aparecer en los seres que habían sido diseñados a su imagen y semejanza, con la esperanza de que lograsen mejorar más aún sus conocimientos y así pugnar por una mayor esperanza de amor, paz y sabiduría en ese nuevo mundo.  


Autor: Liberto Brun Compte

Diciembre del 2003

 El Peregrinaje Cósmico 

Y caminó por los senderos del cosmos, vagando a través de la eternidad. Tenía que encontrarlo y no habría nada que lo detuviera en su búsqueda. ¿A dónde habría ido a parar? ¿Qué habría resultado de aquéllos pensamientos que lo formaron todo? ¿Lograría llegar a su destino? ¿Cuál era su meta? 

Todas estas preguntas y muchas más eran las que se planteaba su mente frente al extenso e inacabable universo que se abría ante sus ojos.  

Entonces comenzó a recordar que había una manera de hacerse uno con el universo, al menos en cuanto a su conciencia y lanzó sus pensamientos para ver si lograba entonarse con esa “conciencia cósmica” que podría indicarle el camino a donde debería de encaminar sus incorpóreos pensamientos. Tenía que lograrlo y así descubrir qué era lo que había sucedido después de su gran... bueno, no adelantemos acontecimientos. 

Su conciencia etérea se concentró fuertemente en el cosmos que tenía a todo su alrededor tratando de sintonizar con algún indicio que le indicara el camino que tendría que seguir. La visión que su alma le permitía tener, lo hacia observar las múltiples maravillas que lo rodeaban por todas partes, desde las más cercanas a escasos millones de kilómetros hasta otras a millones de años luz de distancia. En realidad no tenía prisa, sabía que tenía a la eternidad por delante de él y debería de ser muy cuidadoso con todo lo que podía ir encontrando y analizando.  

Bueno, se encontraba absorto en sus pensamientos cuando algo “sintonizó” con su conciencia. Algo que provenía de un punto muy lejano en una galaxia que podía ver a su derecha. Se concentró y dentro del inmenso vacío pudo oír unas, “¿voces?” lejanas que parecían llamarlo. (Por cierto, nuestro peregrino tendrá que ser identificado de alguna manera, así que lo llamaré D. P.) Como el ruido a su alrededor era más intenso no entendía que es lo que decían, pero pensó que sería un buen inicio dirigirse hacia aquella dirección y averiguar si realmente eran voces y si lo llamaban a el. 

El frío del espacio, el vacío a través del cual tenía que surcar su alma visual, no le afectaban en lo más mínimo; para eso se había preparado concienzudamente antes de comenzar este peregrinaje. Estaba preparado para encontrar aquello que con tanto esmero había proyectado, pero no tenía los poderes para conocer el lugar o hacia donde debería de dirigirse para lograr su cometido. 

Comenzó su avance cósmico a través de millones de estrellas que lo rodeaban por todas partes, evitaba las áreas de posibles agujeros negros y se detenía de vez en cuando para admirar lo que se había formado, ahora encima de él, ahora abajo, a la derecha, ¡en todas partes! ¡Qué belleza! Le admiraba el darse cuenta de que aún tenía mucho que aprender y a la vez poder después comunicar lo ya aprendido a alguien más que eventualmente pudiese llegar a tener el conocimiento de expandir su conciencia física a una conciencia universal y cósmica como la que estaba D. P. experimentando en esos momentos. Pero sus “antenas” receptoras de esas señales que había sintonizado, le indicaban que comenzaban a hacerse más audibles, más entendibles y se volvían cada vez más cercanas con el paso de los millones de kilómetros que su avance mental le permitía realizar en ese cosmos por el que viajaba. 

La tenía a la vista, era una nebulosa cercana en forma de espiral que tenía una gran acumulación de estrellas en su parte central y que despedía toda clase de luces hacia todas partes. Su concepto visual le permitía distinguir, con la potencia de un gran telescopio y gracias a encontrarse en medio del espacio etéreo, a varios sistemas formados por un sol central y varios planetas alrededor de cada uno de ellos. Algunos estaban formados por 3, otros por 7 u 8 planetas con algunos satélites y los había de todos los estilos, distancias y tamaños. De uno en particular, perteneciente a la nebulosa de Orión, le llegaban las señales que había estado percibiendo por espacio ya de varias semanas de peregrinaje cósmico. Pero ahora la señal sí era alta y más clara. Podía darse cuenta ya que emergía de la parte cercana al cinturón de Orión en donde se escuchaban voces de comunicación que se resumían así: “Buscando a D. P., buscando a D. P.” Se interrumpían por espacio de unos segundos y volvían a emitir la misma señal. Al fin había alcanzado su meta; o al menos eso es lo que pensó nuestro peregrino cósmico. Enfocó bien hacia el lugar de donde provenían los llamados y se dirigió en línea recta como impulsado por una energía cuántica del alma que le permitía no desviarse en su ruta. 

Ya al acercarse a su destino final, vio que era de la familiar estrella Mintaka (compañera de Alnitak y de Alnilam en el cinturón de Orión) de donde procedían los llamados que habían despertado su conciencia cósmica y que lo habían estado buscando por un espacio de tiempo indeterminado... pero constante. Se acercó más y pudo descubrir un sistema planetario que giraba en torno de la estrella. Uno de sus planetas reunía una serie de condiciones que habían permitido la ubicación de unos seres físicos rudimentarios, pero de grandes dotes mentales. Ellos habían sido quienes, intrigados por un suceso ocurrido sólo unos cientos de miles de años atrás, lanzaron el llamado en su búsqueda. 

Cuando finalmente descendió sobre el planeta, D. P. fue llevado a la presencia de los grandes eruditos y de los más altos nobles y filósofos que allí moraban. La plática no fue muy larga, no tenía porqué serlo y podemos resumirla como sigue: 

Bienvenido D. P., nuestra búsqueda no ha sido en vano.  Estuvimos pendientes de todo tu proceso y cuando vimos el resultado final temimos por tu integridad corpórea. 

“No debisteis preocuparos, buena gente, la particularidad de mi pueblo nos ha dado la ventaja de realizar muchas cosas que no son posibles en otros lugares”. 

Así es D. P. pero como nosotros pensamos que requerirías de una ligera ayuda en tu búsqueda por el infinito, comenzamos a buscar en las cercanías de nuestras galaxias para tratar de encontrar aquello que tu brillante trabajo había sido capaz de diseñar y llevar a la práctica.  

“Os agradezco sinceramente vuestra preocupación y os agradecería me informaseis si habéis descubierto algo que logre disminuir mi peregrinaje por el universo”. 

Sí, una noche despejada vimos explotar una fulgurante supernova en la región del grupo de la nebulosa Magellánica y vimos como se formaba una nueva galaxia. Cuando esto ocurrió, nuestros pastores transportaban la leche a sus casas y la impresión que les causó hizo que se derramasen los cántaros y les dio por denominarla la Vía Láctea.   

“¿Sabéis si allí hay algún sistema solar que tenga 9 planetas?” 

Nuestro conocimiento no llega a ese nivel, pero si sabemos que nuestros amigos de ‘Sirio’, que se encuentran mucho más cerca que nosotros de ese sistema solar, cuentan muchas maravillas al respecto: Creemos que deberías de ir a visitarlos. 

D. P. agradeció las atenciones que se habían dispensado tener hacia el estos seres mentalmente avanzados y únicamente les pidió que le indicasen el camino y la manera de dirigirse hacia Sirio, el lugar donde, según los Mintaka, radicaba otra especie inteligente de seres y que según parecían indicarle todos los datos, serían quienes le dirían si su proyecto había tenido el éxito que el deseaba tener, desde que su proyecto había comenzado a tomar forma.  

Tomó buena nota del recorrido que debería realizar para dirigirse a ‘Sirio’ y no encontrarse con mayores obstáculos interpuestos en su camino. La mente siguió trabajando mientras avanzaba su conciencia universal materializada en su alma incorpórea que le permitía viajar con la rapidez de la propia luz. No olvidemos que D. P. tenía una eternidad para disponer de todo lo que requería hacer, así qué no tuvo mayor preocupación en atravesar nuevos espacios pletóricos de estrellas, nebulosas, galaxias y un sin fin de espacios vacíos etéreos que lo fueron acercando poco a poco hasta su destino intermedio. ¿Le darían buenas noticias los habitantes de ‘Sirio’? Enfocó sus ondas mentales hacia el punto que le habían indicado los Mintaka y comenzó a lanzar mensajes de reconocimiento. Quería saber cuanto antes si lo estarían esperando, si habrían averiguado cosas que a el le pudieran dar la clave sobre su búsqueda. 

Para su buena suerte, comenzó a recibir, al poco tiempo, unas señales mentales que procedían del enclave donde debería de encontrarse esa estrella denominada “Sirio”. Pero las señales mentales no estaban dirigidas a él; esas señales llevaban otra dirección y algo decían de... ¿terminar las pirámides? Bueno, incrementaría la fuerza mental suya para llamar a estos seres y hacerles ver que iba en camino a verlos.

Su incremento en intensidad mental de sus mensajes de --...hola...hola, tuvo finalmente la respuesta de aquellos seres que preguntaron:  

¿Quién eres? ¿Qué deseas? 

Estaba ya muy cerca de llegar a ‘Sirio’ cuando advirtió que en realidad se trataba de un sistema ternario y que las respuestas mentales provenían en realidad del pequeño acompañante de esa estrella y que a su vez tenía una tercera estrella aún más pequeña que giraba sobre la segunda. Las señales le hicieron rectificar y llegar realmente al sitio de donde provenían los mensajes y de donde se habían emitido aquéllos otros que captó inicialmente y que se había dicho a sí mismo que ya preguntaría hacia quienes iban dirigidos. 

“Saludos de los Mintaka, yo soy un peregrino cósmico en busca de una creación. Me llamo D. P.” 

¡Ah, al fin llegas! Creíamos que lo dicho por los Mintaka era una simple invención, pero ya vemos que realmente si existes. ¡Se bienvenido! 

“Gracias amigos, decidme, ¿qué es eso de unas pirámides que capté mientras venía de camino?” 

Mira D. P. resulta que ahora te encuentras en la constelación del Can Mayor y estamos a tan sólo 8.7 años luz de un sistema solar donde hay unos seres que se rigen por la aparición de nuestra estrella sobre el horizonte de su planeta y que denominan a su patria como Egipto. A ellos es a quienes dirigíamos los mensajes, pues los hemos podido ver realizando una serie de creencias y ritos.

En este Egipto, su Año Nuevo comienza con el regreso de ‘Sirio’. De hecho, es la “estrella del Nilo” de estos  egipcios.

Cuando ven a ‘Sirio’ alzarse justo antes que su Sol, ya saben que los “Días del Nilo” han llegado.

Su reaparición anual es un aviso para las gentes que viven a lo largo del río Nilo (así le llaman a un río que tienen en su territorio que les ayuda en su agricultura).

Nuestra estrella siempre regresa justo antes de la crecida del río y de esta manera anuncia las inundaciones, que servirán para mejorar la fertilidad de sus campos y de sus tierras. Entonces la gente abre las compuertas de los canales que irrigan sus campos.

Los sacerdotes, son los guardianes del calendario, avistan el alzamiento sobre el cielo desde sus templos y cuando ven brillar la luz de la estrella por primera vez sobre una gema en su templo, marchan y anuncian el Año Nuevo. 

Pero queríamos que se pusieran en contacto con nosotros y que construyeran unas pirámides que les permitirían conocer más del universo, por eso eran nuestras ‘fuerzas mentales’ hacia ellos que tú captaste. 

“¡Entonces esto es ya la Vía Láctea!”, D. P. no salía de su asombro cuando se percató que podía tener tan cerca aquello que buscaba. Aquello por lo que había tenido que realizar su peregrinaje. Tenía que seguir preguntando y su conciencia mental lo impulsó a la pregunta crucial. “¿podríais decirme si ese planeta forma parte de un sistema solar de nueve planetas? 

Sí, y no sólo eso, resulta que es el tercer planeta a partir del sol y se encuentra habitado por unos seres pensantes que caminan en dos piernas y tienen dos brazos, pero que su inteligencia mental aún no está lo suficientemente desarrollada. Ellos le llaman Tierra. 

¡Aquello era lo que había estado buscando por tanto tiempo!, el resultado del esfuerzo de tanto meses de estudio en su facultad del Ultra Cosmos y que lo había llevado a presentar aquél trabajo, aquél proyecto qué vendría a dar como resultado un nuevo universo con una nueva galaxia en donde habría seres que llevarían en su ADN una herencia implantada de aquél alumno sobresaliente de la Universidad del Ultra Cosmos que se había atrevido a implantar una célula de su propio ADN en el objeto de su creación para que fueran a su imagen y semejanza y que había ocasionado con la puesta en marcha de su proyecto un estrepitoso y estruendoso Big  Bang.  

Sus maestros con sus ‘mentes incorpóreas’ sonreían desde el infinito del Cosmos desperdigados por nuevos planetas donde deberían de instalar nuevas generaciones de creadores que se convertirían en otros peregrinos cósmicos.


Sinfonía en cuatro movimientos

(Efímero ensayo de un loco soñador)

Por: Liberto Brun Compte.

A finales de Enero del 2004.

Preludio – (primer movimiento) 

¿Hubo civilizaciones más inteligentes anteriores a la nuestra? 

Corría el año 1954 y la Escuela Nacional de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional Autónoma de México se encontraba como siempre a la espera de los nuevos alumnos del primer curso. Las novatadas se mantenían estrictamente dentro de los límites normales que siempre les habían caracterizado, a saber: rapar a los chicos nuevos al cero, pero claro... sentados en las vías del ferrocarril que pasaba por delante de la reja principal de la Escuela y cuya frecuencia de paso era bastante continua, y de donde por supuesto, nadie podía levantarse sino hasta el último instante – si es que llegaba el tren – por lo que, de lo contrario, no se les permitiría ir a ver a sus compañeras de nuevo ingreso, cuya novatada consistía en mojarlas de arriba abajo para que la ropa se les quedase pegada al cuerpo y así resaltar sus aspectos más llamativos. No sé si después, al correr de los años, se haya continuado con una parte de la tradición, pues la otra – la escuela – quedó en el recuerdo, ya que al cambiar todas las facultades a la Ciudad Universitaria y convertirse la Escuela en Facultad de Ciencias Químicas dejó de existir en su antigua ubicación.  

Claro que esto no importa; el asunto importante es que en aquél entonces apareció una noticia en el periódico matutino “Excelsior”, uno de los de mayor prestigio en México y en sus páginas interiores a dos columnas, una noticia corta, escueta e intrigante, presentada por la NASA, que en pocas frases y más o menos decía lo siguiente:  

 “Los científicos de la NASA se muestran asombrados ante una esfera perfecta de metal, con brillo de acero, bastante ligera y del tamaño de una pelota de tenis que les ha sido entregada para su análisis por un grupo de antropólogos que realizaban unos estudios en tumbas egipcias, cuando dentro de una de dichas tumbas se encontraron con esa esfera. Los datos constatados respecto de la antigüedad de la tumba, medidos posteriormente con el carbono 14 la remontaron a más de cinco mil años antes de Cristo. Pero lo más asombroso del caso, es que todos los esfuerzos que se han realizado por hacerle alguna incisión, análisis, o aún partir a la dicha esfera, han resultado infructuosos. Permanece intacta”. 

Busqué en los días subsecuentes, para saber que habría ocurrido con el asunto, pues mi curiosidad por estos temas ya era notoria en aquella época pero hubo un hermetismo noticioso total y absoluto. Nunca más supe que pudo conocerse – si es que se pudo – acerca de esa extraña esfera metálica, brillante como el acero, que no permitía que se le hiciese corte alguno, ni análisis, pero que había sido colocada en una tumba faraónica egipcia hacia casi siete mil años. ¿Por quién? ¿Qué conocimientos podían tener aquellos habitantes de la época de cinco mil años antes de Cristo?

Bueno, esto tendría que aclararse y si ellos (la NASA) no decían nada al respecto, tendríamos que idear la manera de averiguarlo. En las aulas aprendíamos todo lo relacionado con la química orgánica e inorgánica, la física y en ocasiones y motivados por los descubrimientos de Einstein, veíamos que cosas que se creían distintas, son realmente la  misma cosa – materia y energía – por ejemplo.  

Eso nos lo demostró Einstein, que la materia puede transformarse en energía y la energía en materia. Esto nos conducía a la endotérmica y a la exotérmica. Basado en esto, él expuso que el número de ergios de energía liberada o absorbida es igual al número de gramos de materia destruida o producida multiplicados por el cuadrado de la velocidad de la luz medida en centímetros por segundo. O lo que es lo mismo, su famosa fórmula de E = mc2   que nos conduce a muy profundas meditaciones. No entraremos en mayores detalles al respecto, pues esto no es un tratado ni de física ni de química. Pero lo tendremos presente.  

Así que esto nos llevaba de nueva cuenta al escrito que nos mantenía intrigados. ¿Quién habría podido fabricar una esfera de un metal que supuestamente no se conocía siquiera hace dos mil años? ¿Cómo habría llegado a introducirse o ser introducida en esa tumba, cinco mil años antes de Cristo? 

Andante – (segundo movimiento) 

Comenzamos a averiguar las teorías de la curvatura del universo, los aspectos de los agujeros negros y todas las posibilidades que comenzaban a vislumbrarse como futuros descubrimientos para finales del siglo y la posibilidad más cercana de que el hombre fabricase naves para explorar el espacio estelar y llegar a nuestro satélite y aún a otros planetas dentro de nuestro sistema solar.  Alguien se nos había adelantado, su nombre Julio Verne. ¡Hasta había enviado hombres a la Luna! Seguiríamos investigando. 

¿Sería posible enviar naves y gente al espacio sideral? Recordemos la época, año 1954 y contando. Los rusos y los americanos se encontraban en plena carrera de competición y rearme, los científicos de ambos bandos trabajaban con gran secreto para producir cabezas nucleares. Finalmente y durante 1957 la Unión Soviética tomó una ventaja inicial en lo que se le dio por llamar, la carrera espacial. 

En octubre de ese año, el primer satélite artificial, el Sputnik 1 fue lanzado y un mes más tarde el Sputnik 2, este último llevando a bordo un perro vivo (la perrita Laika). Los americanos lanzaron en enero de 1958 su primer satélite el Explorer 1.  

A continuación se imponía lograr el envío de un ser humano, y nuevamente fueron los rusos quienes lanzaron al espacio, el 12 de abril de 1961, al teniente de la fuerza aérea soviética Yuri Gagarin en su nave espacial Vostok 1. Todo el vuelo duró 108 minutos, desde el lanzamiento hasta el aterrizaje.  

Tres semanas después, los Estados Unidos lanzaron a Alan Shepard en un vuelo que lo llevó más allá de la atmósfera pero sin entrar en órbita. El primero en orbitar la Tierra fue John Glenn, que completó tres vueltas en febrero de 1962. Finalmente el 20 de julio de 1969 Neil Armstrong y Edwin Aldrin pisaron la Luna en el Mare Tranquilitatis y ahí se pronunció la famosa frase: “Es un paso pequeño para un hombre, pero un salto gigante para la humanidad”. Posteriormente, cinco naves tripuladas llegaron en distintas fechas a otras partes de la Luna aumentando a 12 el número de seres humanos en haber pisado nuestro satélite natural, todos ellos de los americanos.

Rondo-Allegro – (tercer movimiento

Nuevos esfuerzos y nuevos planes mantuvieron ocupados al mundo, maravillados con las expediciones y creaciones de naves espaciales. Envío de sondas a otros planetas, preparativos para lograr datos, fotos y todo lo que fuera posible para la búsqueda de vida en otros planetas. Se descubrió el ordenador más avanzado y se crearon programas inteligentes que permitieron la comunicación entre todos los seres humanos con una rapidez nunca antes imaginada. 

Se estudiaron los planetas vecinos y sus lunas y comenzó el envío de naves para hacer estudios más cercanos de todos aquellos lugares que podrían albergar vida. Esto continua haciéndose hoy en día, con el beneplácito de la gran mayoría de personas que nunca conocieron el tema de aquélla bola esférica de un metal desconocido. Y ya hemos posado sobre Marte algunas sondas que llevan equipos terrestres a bordo y que están fotografiando y analizando el terreno. ¡Además han encontrado agua! 

Ciertamente que a nadie se le comentó que en uno de esos múltiples envíos de naves al espacio, además del envío de una cápsula con mensajes grabados destinada a los confines de nuestro sistema solar, con mensajes de paz y de información general, adentro llevaba una bola esférica en cuyo interior se habían condensado todos los datos de nuestro sistema solar y en especial de ese planeta específico denominado Tierra en donde había surgido la vida hacia millones de años.  

Lo que tampoco se le dijo a nadie y no se divulgó, es que dicha sonda fue enviada en un curso estelar directo a un agujero negro para que fuese absorbida y conducida mediante la curvatura espacial a otro mundo – para  comprobar ciertas teorías internas de los científicos de la NASA con la esperanza de llegar a conocer en un remoto futuro si habría llegado al destino que suponían – y donde pudieran comprender – si alguien la recibía – que no estaban solos en el universo cósmico, que había otros seres, que si bien estaban muy lejos, pensaban que la paz y la buena voluntad deberían de reinar en todos las ámbitos del universo. ¿Llegaría a algún sitio este mensaje? ¿Llegaríamos a saberlo alguna vez? 

No olvidemos que tan solo el Sol necesita de 200 millones de años para dar una vuelta completa alrededor del centro galáctico, período este que recibe el nombre de año cósmico. Pero en un tiempo muchísimo más corto, digamos seis o siete mil años, si la curvatura del universo, permitiera que una nave o una sonda enviada al espacio extrasolar tomase una velocidad similar a la de la luz, sin sufrir cambios en su estructura ni contenido, pero resultase que dicha curvatura condujese a una regresión en el tiempo estelar... entonces...

¿no sería posible que dicha nave hubiese terminado por desintegrarse en su recorrido pero que la bola de metal con la energía producida durante su travesía hubiera cambiado la estructura molecular del contenido de la misma, y que al salir del agujero negro por la otra extremidad y explotar sobre un planeta de un sistema desconocido habría caído en una tierra con seres que al no saber entender lo que aquello significaba, simplemente la hubiesen enterrado en una de sus tumbas? 

Allegro con fuoco – (cuarto movimiento) 

Si, amigos míos, esa tiene que haber sido la realidad de lo que nunca se nos quiso explicar en aquélla ocasión y que hizo que muchas personas pensaran que nuestra Tierra ya había sido habitada por seres súper inteligentes (lo cual es cierto, pero en otro aspecto) muchos miles de años antes de nuestra era. 

La esfera pudo llegar allí, después de haberse enviado desde la Tierra siete mil años después de su época de llegada. Pero esto de ninguna manera quiere decir que no se hicieran proezas en aquéllas épocas. Recordemos por ejemplo al Coloso de Rodas, las Pirámides de Egipto, el Faro de Alejandría, los Jardines Colgantes de Babilonia, el Mausoleo de Halicarnaso, la estatua de Júpiter Olímpico – de Fidias -- y el Templo de Diana en Éfeso. Esto por nombrar las famosas siete maravillas que son las creaciones más admirables del hombre ¿antiguo? y que hoy en día aún nos sorprenden por la manera como debieron de ser construidas.  

Si visitamos Baalbeck, a 85 kilómetros de Beirut – como lo hiciera Julio César en el año 47 a. C. – nos daremos cuenta que tuvo que existir algo “más” para lograr construir esta otra maravilla, cuya fecha de fundación permanece perdida entre la leyenda y la historia y que se piensa que data de más de 3,000 años antes de Cristo. Se pueden ver en el templo de Júpiter, las tres famosas piedras rectangulares conocidas como el “trilithon” que están cortadas con tal exactitud que entre la unión de sus extremos no pasa una hoja de papel y no tienen nada que las una. Miden 21 metros de largo por 4.40 de alto y 4 de ancho y en realidad hay un total de nueve en la pared oeste, estimándose que cada una pesa 800 toneladas. ¿Cómo las transportaron hasta allí? A mí en lo personal – que tuve el gusto de visitarlo hace ya muchos años – me dejó asombrado. 

Si todo esto fue posible que se realizase en esas épocas en que los instrumentos disponibles para los habitantes no eran ¡ni por asomo!, parecidos a los que tenemos en la actualidad, entonces nos vemos obligados a hacer la gran pregunta final, el cierre de esta sinfonía espacial que nos ha conducido a niveles insospechados y que se nos presenta como una verdadera sorpresa ante nuestras mentes absortas y desorientadas al leer lo que a continuación debo expresarles. 

¿Qué pensarían ustedes si les dijeran que están viviendo en la actualidad entre nosotros seres del futuro?

¡Que fueron enviados por el mismo conducto por el que se mandó la bola esférica de acero, pero que esto se hizo desde el año 10,937 de nuestra futura era y que han regresado a su pasado, nuestro presente, procedentes del futuro! 

Este es sólo el principio de una sinfonía inconclusa que nos llevará al estudio de la eternidad que se expande sobre nuestras cabezas como un continuo vaivén musical que nos deja soñar despiertos.