http://www.space.com/searchforlife/seti_galilean_moons_020523.html
Por: Cynthia Phillips
Del Centro de Estudios para la Vida en el Universo del Instituto SETI.
Publicado: 07:00am
23 de Mayo del 2002
Este artículo comienza una serie de varios que considerarán las posibilidades de vida en el sistema Joviano, específicamente en la luna Europa, de Júpiter. Comencemos con una introducción a Júpiter y a sus cuatro satélites mayores.
Júpiter es el planeta más grande en el sistema solar, tiene más masa que el resto de los planetas del sistema juntos. Júpiter, un gigante gaseoso, está formado principalmente de hidrógeno (un 90%) con una menor cantidad de helio (cerca del 10%). El resto consiste de pequeñas cantidades de metano, amoníaco y agua, con algo de material rocoso o metálico en su centro. Se cree que la gruesa atmósfera de Júpiter rodea un núcleo pequeño de una masa equivalente a la de 10 a 15 veces la masa de la Tierra, casi nada comparado con la masa total de Júpiter de cerca de 318 Tierras (1.9x1027 kilogramos).
A pesar de llamarlo un gigante gaseoso, la mayor parte de Júpiter no está formada de material en estado gaseoso, sino que es una extraña substancia denominada hidrógeno metálico líquido. Este es una forma de hidrógeno que sólo puede tenerse bajo presiones extremadamente altas y hasta donde sabemos sólo se le encuentra en el interior de Júpiter y de Saturno. Por encima del hidrógeno líquido hay una capa de helio, y más arriba se encuentra una atmósfera de hidrógeno y helio gaseosos más normal, con trazas de otros elementos entremezclados. Las asombrosas capas de nubes visibles desde el espacio se deben a pequeñas cantidades de azufre mezclado dentro de las nubes, lo que produce bandas de colores que van de rojos a amarillos o blancos.
Júpiter recorre el Sol a una distancia de 5.2 veces la distancia desde la Tierra al Sol. La energía que genera, los grandes sistemas de tormentas de Júpiter, viene principalmente de sus propios recursos interiores, ya que Júpiter recibe mucha menor energía solar por su distancia al Sol, de la que recibimos aquí en la Tierra. Júpiter tiene, igualmente, un fuerte campo magnético dando como resultado que grandes cantidades de partículas energéticas quedan atrapadas cerca de él. Estas partículas de alta energía dan como resultado una enorme cantidad de radiación causando problemas para naves como la sonda Galileo y siendo una amenaza para los astrónomos que deseen explorar Júpiter o sus lunas. Este entorno de radiación nos ofrece interesantes reacciones químicas que se desarrollan en la superficie de Europa al impactar las partículas cargadas e interactuar con la superficie helada. Este tema será tratado en un artículo posterior.
Los cuatro grandes satélites de Júpiter, fueron vistos por primera vez por Galileo en 1610. El paradigma del descubrimiento de objetos orbitando un cuerpo celeste, diferente a la Tierra, cambió la visión geocéntrica del universo a favor del modelo heliocéntrico, con grandes consecuencias religiosas y científicas. Los cuatro grandes satélites son llamados las lunas de Galileo en su honor. En orden desde Júpiter son: Io, un cuerpo volcánico brillantemente coloreado; Europa, un mundo cubierto de hielo; Ganímedes, un cuerpo rocoso y helado con algunas áreas muy antiguas de cráteres y algo de formaciones más recientes; y Calisto, lleno de cráteres muy parecidos a la Luna.
Los cuatro satélites de Galileo dan la imagen de un sistema solar en miniatura, y se cree que se formaron por condensaciones de desechos de material que rodeaba a Júpiter de la misma manera en que los planetas se formaron de los desechos del disco que rodeaba al Sol. Existe también un escalonamiento en composición y densidad en los satélites de Galileo, desde Io, rocoso con alta densidad y casi libre de agua, a Europa, que tiene una capa de hielo sobre roca, a Ganímedes, con un grueso manto de agua cristalizada encima de un núcleo grande de roca y metal, hasta llegar a la baja densidad de Calisto, que no puede ser totalmente diferenciada y que podría tener una mezcla de roca y hielo por todo él.
Este escalonamiento es similar al cambio que ocurre en los planetas en su contenido volátil y densidad según su distancia del Sol, desde el rocoso y altamente denso Mercurio hasta el sistema solar exterior altamente helado. La diferencia dentro del sistema solar en el contenido volátil y la densidad, se cree que provenga de un gradiente de temperatura en el disco original del cual se condensaron los planetas; la “línea de nieve,” donde el agua y otros materiales volátiles pudieron condensarse a partir de la nube de gas y polvo, se cree que estuvo cerca de la órbita de Júpiter, y es por lo cual las lunas del sistema solar exterior tienen un mayor contenido volátil que los planetas del sistema solar interior. Este podría haber sido el caso en la formación del sistema de Júpiter al igual que los satélites Galileanos formados de un disco de material sobrante que rodeaba el proto-Júpiter. Otra posibilidad es que los materiales inestables fueron simplemente desprendidos de Io, y aún quizá de Europa, por la inmensa actividad geológica provocada por el calor de las mareas cósmicas (esto se discutirá en un artículo futuro).
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Por
Cynthia Phillips |
En un artículo previo tratamos sobre la luna Europa de Júpiter como parte de un mini sistema solar consistente de cuatro grandes satélites Galileos en órbita alrededor de Júpiter. Europa es merecedora de una consideración especial debido a la posibilidad de que condiciones ideales de vida existieran en esta pequeña y helada luna, ya fuera en el pasado o en el presente. Uno de los requerimientos para la vida, es el agua líquida. Pero, ¿cómo pudo existir agua líquida en un mundo tan pequeño y tan alejado del Sol? La respuesta es el calor de las mareas, que podría proveer energía suficiente para mantener un océano de agua líquida debajo de la superficie helada de Europa ¡qué es mayor en volumen que todos los océanos de la Tierra combinados!
Europa está envuelta en una resonancia de mareas con sus satélites vecinos, la volcánica Io en el interior y el gran Ganimedes en el exterior. Como cada una de las lunas Galileas, Europa se encuentra en un giro fijo con Júpiter, realizando su rotación alrededor de su polo con un período idéntico a su período orbital de 3.6 días terrestres. Europa está en una resonancia 1:2:4 con Ganimedes e Io – por cada dos veces que Europa orbita a Júpiter, Ganimedes lo hace una e Io lo hace cuatro. Esta resonancia evita que los satélites tengan órbitas circulares perfectas, causando una excentricidad forzada que hace variar sus distancias desde Júpiter. La fuerte gravedad de Júpiter levanta un abultamiento en la porción de la superficie que está de cara al planeta, pero como las distancias entre las lunas y Júpiter varían, la altura del estirón de la marea también varía a lo largo de la órbita del satélite. La variación en la amplitud de la marea se convierte en una flexión de la marea a medida que el abultamiento aumenta o disminuye, produciendo una disipación interna de energía denominada calentamiento de marea.
El calentamiento de marea es más intenso en Io, debido a su proximidad con el planeta Júpiter y da como resultado una actividad volcánica constante en esa pequeña luna. Io es, de hecho, el cuerpo más activo volcánicamente en el sistema solar, sobrepasando aún a la misma Tierra. Si el grado actual de actividad volcánica en la luna Io es típico, entonces habrá existido suficiente proceso volcánico para reciclar la corteza entera de Io, un múltiple número de veces en su historia. La actividad volcánica de Io pudo haber alejado la mayoría de los productos volátiles con el tiempo. Si existió alguna cantidad de agua en Io en su formación inicial, ahora ya hace tiempo que se habría ido.
Ganimedes también se encuentra sujeto al calentamiento de marea, aunque en un menor grado que Io y Europa, debido a su mayor distancia de Júpiter (y por lo mismo una menor tensión gravitacional). Aún así, Ganimedes parece haber tenido suficiente calentamiento de marea para haber tenido algo de actividad geológica en el pasado, lo que le permitió diferenciarse internamente con un manto helado y un núcleo rocoso/metálico. La superficie de Ganimedes consiste de viejos terrenos con cráteres, pero también de áreas de cumbres y ranuras más jóvenes que son el resultado de una actividad tectónica más reciente. Se puede hacer una comparación interesante entre Ganimedes y su vecino satélite Calisto. Calisto no participa de la resonancia de las otras tres lunas Galileas y su superficie se parece a la de la Luna de la Tierra – es un cuerpo viejo, lleno de cráteres con pocos, si es que alguno, signos de actividad geológica. Se piensa que Calisto no sea totalmente diferente, aunque estudios recientes nos muestran que podría tener un pequeño núcleo.
Una cantidad sustancial de calor es disipada dentro del núcleo, manto y la propia capa de hielo de Europa. Aún se está debatiendo para conocer cuanto calor exactamente es disipado por las mareas dentro de Europa y donde exactamente tiene lugar este calentamiento – ¿es cerca de la superficie, en la interfase de hielo/agua (si es que hay alguna) o en la interfase de agua/roca o hielo/roca en el fondo de la capa de hielo?
Por lo tanto, la posibilidad teórica existe para la presencia de agua líquida en Europa. Aún así, ¿tenemos alguna evidencia? De hecho la tenemos y en el próximo artículo de esta serie ocasional acerca de la vida en Europa consideraremos las líneas de evidencia para el agua líquida.
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Geología de Europa:
¿Evidencia para el Agua? |
En dos artículos previos consideramos a los satélites Galileos y al hecho de que la marea flexionada, debido a las órbitas en resonancia, provee calor para actividad volcánica en Io y podría dar como resultado la presencia de agua líquida debajo de la capa helada de la superficie de Europa. La nave espacial Galileo, que se encuentra terminando su misión en el sistema Joviano, tomó un gran número de imágenes de la superficie de Europa entre los años 1995 y 2001 que pueden usarse para estudiar la geología de esta pequeña luna y buscar evidencia de agua líquida bajo su superficie.
La nave espacial Voyager tomó las primeras imágenes de acercamiento de Europa a finales de los 1970’s. Antes del Voyager bien poco se sabía acerca de la superficie de Europa excepto de que era muy brillante y las mediciones tomadas desde la Tierra con espectrómetros y telescopios sugerían de que podría haber agua. Las imágenes tomadas por el Voyager nos revelaron una superficie cubierta con formaciones del tipo de cuarteamientos y muy pocos impactos de cráter. La ausencia de cráteres fue sorprendente, ya que todos los cuerpos en el sistema solar, son golpeados por objetos estelares. Este proceso determina una superficie marcada como en la Luna, a menos que alguna actividad geológica tenga lugar y haga que desaparezcan los cráteres de la superficie. La relativa ausencia de cráteres en Europa significa que la superficie es joven, quizá tan reciente como unas pocas decenas de millones de años.
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Las imágenes de la superficie de Europa tomadas por la nave Galileo nos han enseñado características que podrían ser consistentes con la presencia de agua líquida bajo la superficie de Europa, pero no lo prueban [ver imagen]. La superficie de Europa esta primordialmente cubierta por un amplio conjunto de fisuras y cumbres. También están presentes unas áreas de “terreno desordenado”, donde la superficie parece haber sido dividida en bloques consistentes como icebergs que parecen haberse “movido” hacia nuevas posiciones. Tales áreas pueden ser reconstruidas encajando las características preexistentes en los bloques como si se tratase de un rompecabezas. Otras características de interés en la superficie de Europa incluyen regiones que posiblemente podrían ser corrientes de superficie de baja viscosidad e impactos de cráteres que son anormalmente poco profundos.
Se han propuesto un número de modelos para la formación de una variedad de características visibles en las imágenes de Galileo, respecto de la superficie de Europa. No existe un consenso entre estas imágenes, a menudo contradictorias, de la geofísica de Europa. Por lo general, los modelos de debajo de la superficie de Europa caen en dos categorías, una en la cual una capa delgada de hielo (a lo más unos pocos kilómetros de espesor) está presente encima de una capa de agua líquida y otra en la cual la capa de hielo de la superficie es mucho más gruesa, quizá diez kilómetros o más, con agua líquida (si es que existe) a una mayor profundidad. Los modelos de la formación de varios aspectos geológicos sobre Europa parecen seguir ya sea una o la otra teoría.
Por ejemplo, las formas de los impactos de los cráteres en Europa sugieren que se formaron dentro de un blanco sólido, pero sus escasas profundidades sugieren que la superficie rebotó un poco después de su formación. Modelos de estos rebotes sugieren que la mayoría de los cráteres en Europa se formaron en una capa superficial quebradiza de unos 5 a 15 kilómetros de grueso revistiendo una capa debajo de la superficie de menor viscosidad. El material de esta capa inferior, sin embargo, podría ser agua líquida o hielo caliente de baja viscosidad. Un modelo aparte de formación central de los picos de cráteres en Europa nos sugiere que la capa de la costra de hielo debe de tener al menos de 3 a 4 kilómetros de espesor y una topografía modelo de cráteres sugiere una capa mucho más gruesa de entre 19 y 25 Km.
Corrientes de superficies crío-volcánicas hechos de una mezcla de agua, hielo y quizá otros materiales volátiles tales como amoníaco, serían intrigantes, pero existen muy pocas regiones donde las formas de las características de la superficie sean sugerentes de corrientes. También existe un problema de flotabilidad en su formación, ya qué es difícil de obtener agua líquida en la superficie de Europa, ya que es más densa que el hielo. Una posible región con estas características es visible en la figura y tiene alrededor de 3 kilómetros de ancho. Esta región podría haberse formado cuando algún tipo de material fluido cubrió las ya existentes cumbres y otros puntos.
Los modelos de formación de cumbres varían desde crío vulcanismo, a opresión de mareas a compresión de perforación linear y deformación plástica. Estos modelos varían en requerimientos desde una corteza muy delgada cubriendo al agua líquida (el modelo de encogimiento de mareas) hasta modelos de estado sólido completo con una costra quebradiza delgada encima de una capa de hielo tibio de baja viscosidad (perforación o compresión). Una característica interesante denominada cumbres cicloidales parece corresponderse en orientación y localización a las fisuras de la superficie en respuesta al diario cambio del estrés de las mareas. Este modelo requeriría de la existencia de un océano global cerca de la superficie para obtener suficientes esfuerzos de marea como para romper el hielo. Claramente, los modelos comunes en la literatura son contradictorios y tienen muy diferentes implicaciones para la estructura debajo de la superficie de Europa.
El terreno desordenado (caótico) fue visto inicialmente como una gran posibilidad para la existencia de agua líquida bajo la superficie de Europa, pero los modelos de formación que involucran sólo materiales sólidos también son posibles. Al final líquido del espectro, las regiones de terreno caótico son vistas como áreas de flujo de calor localizado donde la capa de hielo se derritió directamente hasta la superficie. En este modelo, los bloques son remanentes flotantes de la pre-existente costra de hielo que se movió en una mezcla fangosa, tanto trasladándose como inclinándose. Eventualmente esta matriz helada se solidificó terminando con el movimiento de los bloques y conservando estos sus posiciones finales. Este modelo requiere de un calentamiento localizado de la corteza, pero ha de ser difícil el concentrar el calor en espacio y tiempo. El modelo de formación del estado sólido sugiere que el hielo se eleva hacia la superficie en una formación rocosa, eventualmente trastornando la quebradiza superficie. Sin embargo estos ascensos de materiales ascendentes hacen difícil la inclinación de los bloques según se observan. Un tercer modelo intermedio, sugiere que el escurrimiento del derretimiento dentro de la perforación rocosa ascendente produce un caos. Así pues, los modelos de formación de caos parecen favorecer la existencia de ya sea agua o una mezcla fangosa de hielo y agua a poca profundidad cerca de la superficie, pero semejantes manchas podrían ser localizadas y no requieren de la existencia de una capa global de océano líquido.
La geología de Europa proporciona algunas pistas tentadoras de que el agua líquida pudo haber estado, o actualmente estar, presente bajo la helada superficie de Europa. Sin embargo, las imágenes de la superficie no pueden probar la existencia de agua líquida. Afortunadamente, otros tipos de evidencia geofísica si proporcionan detecciones más definitivas de agua y estos serán examinados en un artículo próximo
http://www.seti.org/litu/projects/highlights/europa_water.html
15 de Mayo del 2003
Por Cynthia Phillips
Investigadora Post doctorado
En
tres artículos previos, consideramos a los satélites Galileos y el hecho de que
la flexión de marea, debido a sus órbitas resonantes, proporciona calor para
vulcanismo en Io y podría dar como resultado la presencia de agua líquida debajo
de la superficie helada de Europa. También resumimos la evidencia de agua
líquida en Europa basada en la evidencia geológica de imágenes de Europa tomadas
por el Voyager y la nave Galileo. La evidencia geológica es tentadora, pero
incompleta – sugiere que el agua líquida podría estar presente, pero también da
lugar a la posibilidad de que las formas extrañas que vemos en la superficie de
Europa podrían haberse formado, todas, a través del movimiento del hielo blando,
sin ninguna cantidad de agua líquida en total.
Afortunadamente están disponibles otros métodos, además de las técnicas geológicas, que pueden proporcionar información acerca de la presencia, o ausencia, de agua en Europa. Los modelos termales de abajo de la superficie de Europa son un camino teórico para estudiar que es lo que hay debajo y vamos a considerarlos en este capítulo.
Los modelos del campo gravitacional de Europa, muestran que posee una capa de superficie de alrededor de 100 kilómetros de espesor de material con la densidad del agua, encima de un interior rocoso y un núcleo metálico. La capa de superficie es muy probablemente H2O, pero ya que las densidades del hielo sólido y del agua líquida son muy cercanas, los modelos de gravedad no pueden distinguir entre las dos. Así que sabemos que existen unos 100 kilómetros de alguna combinación de agua y/o hielo en la superficie de Europa, pero aparte de saber que la mismísima parte superior está sólidamente congelada, no sabemos que tan gruesa es la superficie de hielo, o si existe agua líquida debajo a alguna profundidad.
Los modelos termales de debajo de la superficie de Europa, sugieren que es posible, pero no definitivo, que el agua líquida podría encontrarse presente. Los modelos termales incluyen fuentes de calor y métodos de enfriamiento y tienden a determinar el gradiente termal y el estado (sólido o líquido) de los materiales debajo de la superficie.

Imágenes de la superficie de Europa, tomadas por la
nave espacial Galileo, nos muestran características que podrían haberse formado
en presencia de agua líquida. Estas incluyen terreno caótico (arriba izquierda);
una enigmática mancha oscura que lleva el mote de “el charco” (abajo izquierda)
y cumbres cicloidales (derecha) y un cráter de bajo impacto (derecha abajo).
Crédito foto: NASA / Caltech / Cynthia Phillips
En el caso de Europa, estos modelos incluyen calentamiento por la disipación de las mareas y fuentes generadoras de radiación y enfriamiento debido a la conducción y convección del calor. El calentamiento por las mareas, como ya se vio en un artículo anterior viene de la flexión de Europa por la fuerza de la gravedad de Júpiter, como resultado de la órbita no circular de Europa debida su resonancia con Io y Ganimedes. Como la distancia de Europa a Júpiter varía durante el curso de la órbita, los cambios de atracción gravitacional de Júpiter (ya que la fuerza gravitacional depende de la distancia) y por lo tanto el abultamiento de la marea levantado por Júpiter va hacia arriba y hacia abajo. Esta flexión causa el calentamiento de debajo de la superficie en Europa.
El calor generador de radiación (ó radiogénico) es causado por la descomposición de longevos isótopos radiactivos que se incorporaron en Europa cuando se formó, o que fueron llevados allí después de su formación. La conducción es la transferencia directa del calor desde regiones más calurosas o más frías, mientras que la convección es la transferencia de calor debida al movimiento de los materiales – los materiales más cálidos se mueven hacia arriba y los más fríos se mueven hacia abajo. Tanto conducción como convección producen una transferencia de calor desde el interior más caliente de Europa hacia su frígida superficie y el resultante enfriamiento de Europa como resultado.
Para Europa, los modelos termales que incluyen todos estos efectos han sido no concluyentes. Algunos modelos han pronosticado que la convección removería todo el calor de una capa líquida, resultando en que Europa se solidificaría muy rápidamente. Otros modelos han pronosticado que sería difícil producir el calor necesario para fundir una capa de hielo sólido en agua, pero que si existiera una capa de agua existiría suficiente calor para mantenerla en estado líquido indefinidamente debido al balance de las fuentes de enfriamiento y calentamiento.
Aún existen un gran número de cantidades desconocidas en estos modelos. Por ejemplo, el calentamiento por las mareas es la fuente de calor más importante en Europa, pero también la más pobremente conocida. Es fuertemente afectada por la reología del hielo, que es su comportamiento cuando es empujado, jalado o apretado. Sin embargo, la reología del hielo es difícil de estudiar bajo condiciones similares a las de Europa, ya que la temperatura en la superficie de Europa es un ¡escalofriante 100 K! También es difícil estudiar al hielo siendo estirado por los largos períodos de tiempo asociados con el ciclo de las mareas en Europa – las mediciones de laboratorio son fáciles de hacer en períodos de tiempo de segundos, pero no de días.
Tampoco sabemos lo suficiente acerca de la composición del hielo en Europa – la mayoría de los modelos dan por asentado que es hielo de agua pura, pero cualquier pequeña cantidad de otros materiales presentes en el hielo, especialmente otros volátiles como el amoníaco o sales, podrían alterar dramáticamente la reología del hielo de Europa. La mayoría de los modelos también suponen que la capa de hielo es sólida, pero la reología podría cambiarse si la capa de hielo se rompe o fractura, o si el tamaño de los granos es diferente de lo supuesto en los modelos.
Así que adicional a la evidencia geológica, los modelos termales proporcionan una pista tentadora, aunque insuficiente, para la estructura de la parte inferior de la superficie de Europa. El agua podría estar presente, pero no se requiere. Afortunadamente, sin embargo, tenemos más evidencias definidas del agua debajo de la superficie de Europa. Viene de una fuente poco probable – las mediciones del campo magnético. Consideraremos éstas en un próximo artículo.
http://www.space.com/searchforlife/seti_phillips_europa_030807.html
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Ambientes para Vida en
Europa |
Como parte de la propuesta astrobiológica del Instituto SETI, el Dr. Christopher Chyba y yo estaremos investigando medios ambientes potenciales para la vida sobre Europa. Nuestra investigación tendrá dos componentes. Primero, estudiaremos la serie de datos de las imágenes de Galileo sobre la superficie de Europa, tomadas durante un período de cinco y medio años, para buscar por cualesquiera cambios que pudieran deberse a actividad geológica. Segundo, estudiaremos varios modelos de actividad geológica en Europa para determinar sus implicaciones para la formación de transporte de material útil biológicamente utilizable de la superficie al océano o viceversa.
Europa la luna de Júpiter, alrededor del tamaño de la Luna de la Tierra, se piensa que puede tener un océano de agua líquida debajo de su helada superficie, haciendo que sea un posible ambiente para la vida. Dos de los ingredientes necesarios para la vida, el agua líquida y elementos biogénicos apropiados, se cree que existan en Europa. El tercer componente requerido es una fuente utilizable de energía libre, ya que la fotosíntesis es poco probable que proporcione la suficiente energía en Europa (que se encuentra cinco veces más lejana del Sol que la Tierra). Debido al fuerte campo magnético de Júpiter, la irradiación de la superficie de Europa puede producir una variedad de compuestos biológicos utilizables. Si pudiesen ser transportados hacia abajo a través de la capa de hielo al océano en las profundidades, estos compuestos podrían proveer una cantidad de energía significativa y posiblemente sostener una biosfera debajo de la superficie. Sin embargo, los mecanismos de transporte son inciertos debido a la duda sobre los modelos de formación para las características de la superficie de Europa. Esto es, la biosfera de Europa depende en parte del estilo y la frecuencia de la actividad geológica en la superficie. En esta investigación, aspiramos a entender esta conexión.
El primer aspecto de nuestro trabajo, una búsqueda de cambios en la superficie de Europa debidos a actividad geológica presente, comparará imágenes de la superficie de Europa usando técnicas de procesamiento de imágenes sistemáticas. Seguirá los métodos utilizados en mi investigación previa que comparaba las imágenes de la superficie tomadas por el Voyager con aquellas tomadas 20 años más tarde por la nave Galileo. Esta comparación permitió una gran base linear de tiempo en el cual los cambios podrían ocurrir, pero qué fue obstaculizada por la inherente baja resolución de las imágenes del Voyager, de la superficie de Europa. En la investigación que llevaremos a cabo como parte del Instituto de Investigación de Astrobiología de la NASA, compararemos en lugar de ello, a las imágenes de Europa tomadas por la nave Galileo durante sus cinco y medio años de observación en busca de reciente actividad geológica. Tendremos un lapso menor de tiempo que para el caso de las comparaciones del Voyager/Galileo, pero seremos capaces de comparar imágenes con una mayor resolución que nos permitirán la detección de pequeños cambios en Europa.
Cualesquiera cambios sobre la superficie de Europa debidos a actividad de corrientes geológicas indicarían la localización y estilo de esa actividad y tendrían importantes implicaciones para la presencia de agua líquida debajo de la helada superficie de Europa. Un resultado nulo, en el cual no se detectaran cambios atribuibles a actividades geológicas de superficie, nos permitiría colocar un nivel inferior en la edad de la superficie de Europa y un nivel superior en el grado global de cambios superficiales. Estos límites dependerán de los detalles de las imágenes comparadas, su resolución y el porcentaje de la superficie de Europa que cubran.
Aunado a esta investigación por cambios en la superficie de Europa, proponemos evaluar los cientos de modelos existentes en los escritos para la formación y evolución de varias características geológicas superficiales en Europa para examinar sus consecuencias astrobiológicas. Las preguntas qué queremos considerar para cada mecanismo incluyen: (1) ¿El proceso por sí mismo forma o entierra compuestos de interés astrobiológico? (2) ¿Resulta esto en la transferencia de material, formado por este u otros procesos, de la superficie o de cerca de la superficie a un océano por debajo de ella? (quizá proporcionando alimento o combustible a una posible biosfera debajo de la superficie) (3) ¿Se convierte el proceso en una transferencia de material de la baja superficie/capa oceánica a la superficie? (quizá poniendo materiales con firmas biológicas a la disposición de la exploración de la parte cercana a la superficie) (4) Si el material es transferido desde el océano a la superficie, o de la superficie al océano, por cualquiera de estos mecanismos, ¿podemos estimar los procesos físicos y químicos hechos sobre estos materiales durante su viaje? (quizá permitiendo que algunas biofirmas queden intactas).
Examinaremos estas preguntas para los diferentes mecanismos propuestos para la formación de las características de la superficie en Europa. Consideraremos entonces dos clases de resultados amplios en este trabajo: (1) ¿Qué tipo de característica, dados todos los diferentes tipos de mecanismos propuestos, es la de mayor interés astrobiológico para una futura sonda que se pose ahí? ¿Cuál tiene las mejores oportunidades por encima de las demás de llevar material del interior hacia la superficie intacto? (2) ¿Cuál es el presupuesto total de materiales disponibles de una posible biosfera bajo la superficie? Deberíamos de ser capaces de establecer límites superior e inferior en la cantidad total de material transferido desde la superficie al océano considerando los casos más altos y más bajos para cada tipo de característica.
La combinación de estas dos líneas de averiguación permitirá una caracterización de los posibles ambientes de vida, independientes de la fotosíntesis en Europa. Si tenemos éxito en encontrar cambios en la superficie debidos a actividad geológica, seremos capaces de combinarlos con el análisis de la segunda parte del estudio para examinar las consecuencias de esta actividad para la presencia de una biosfera. Aún si no tenemos éxito, seremos capaces de establecer límites importantes en el grado y estilo de la actividad geológica en Europa y de las cantidades potenciales de material disponible para alimentar una biosfera.
Phillips es una investigadora asociada con post doctorado en el Instituto SETI. Usted puede saber más acerca de sus investigaciones sobre Europa en: http://www.seti.org/about_us/voices/phillips.html
http://www.seti.org/features/farewell_galileo.html
18 de Septiembre del 2003
Por: Cynthia Phillips
Investigadora Directora Instituto SETI
El 21 de Septiembre del 2003 marcará el final de una era importante en la exploración espacial, cuando la nave robot Galileo se interne dentro de la atmósfera de Júpiter, dando final a su misión de 8 años por el sistema Joviano.
Galileo llegó a Júpiter en 1995, pero su viaje comenzó mucho antes que eso. Planeado originalmente en los 1970’s, la nave espacial fue la primera en estar en órbita en el sistema solar exterior; una continuación de los acercamientos a Júpiter llevados a cabo por las naves espaciales Pioneer y Voyager. Aún antes de los tremendamente exitosos acercamientos a Júpiter llevados a cabo en 1979 y 1980 por las dos naves Voyager, los científicos sabían que Júpiter y sus grandes satélites Galileanos eran destinos que serían muy interesantes, sobre los cuales valía la pena realizar estudios científicos. Sin embargo, es poco probable que los científicos que diseñaron originalmente a Galileo supieran lo maravillosas que iban a ser las lunas de Júpiter.
Una serie de problemas técnicos y la explosión de la nave transportadora Challenger en 1986, retrasaron el lanzamiento de la Galileo. El transportador espacial Atlantis lanzó finalmente en 1989 a la nave espacial, siete años después de la fecha de su planeación original. Otra serie de problemas de seguridad y financieros hicieron que Galileo tomase una trayectoria de círculos muy bizarra que dio como resultado un paseo escénico por el sistema solar, dándole vuelta a Venus una vez y dos a la Tierra a manera de ganar suficiente velocidad con la ayuda gravitacional para lograr salir hacia el sistema solar exterior. Sin embargo, los retrasos en el lanzamiento y la larga trayectoria a Júpiter tuvieron un trágico problema – cuando la nave alcanzó finalmente el sistema solar exterior más frío donde era más seguro abrir su antena principal, que había sido doblada como un paraguas para mantenerla segura del calor del área interior del sistema solar más calurosa (y para que cupiera dentro de la sección de carga de la nave), la antena no se abría. Estaba atorada y los científicos se preocuparon de que se hubieran quedado con una misión que no iba a funcionar.
Afortunadamente los científicos e ingenieros del Jet Propulsion Laboratory de la NASA (en Pasadena, California) tenían cuatro años por delante antes de la llegada de Galileo a Júpiter para encontrar una solución. Mientras que los intentos por desatascar la antena fallaban, su plan de apoyo, que comprendía reprogramar la computadora de la era de los 1970’s a bordo de Galileo, tuvo éxito. Fueron capaces de hacer que la antigua pieza de hardware aceptase el último grito de la moda en técnicas de compresión de imágenes, lo cual, aunado a la grabadora de cinta a bordo, permitió que la nave espacial tomase imágenes durante los acercamientos de los satélites, las comprimiera, almacenara en la grabadora de cinta y después las reprodujera durante los largos períodos de tiempo en que Galileo no estaba recabando datos.
Después de unos acercamientos a dos asteroides, la nave Galileo entró triunfalmente en órbita alrededor de Júpiter en 1995 y lanzó una sonda atmosférica hacia Júpiter, la cual envió datos acerca de la temperatura y composición de la espesa atmósfera del planeta gigante. Mientras la sonda enviaba los datos de regreso a la Tierra, Galileo comenzó la primera de sus eventuales 34 órbitas a Júpiter. Estas órbitas se continuaban alrededor de Júpiter como pétalos en una margarita, en cada órbita acarreando un encuentro con uno de los satélites Galileanos antes o después de un giro cercano alrededor de Júpiter en una trayectoria cautelosamente diseñada y planeada para obtener la siguiente órbita.
En este primer encuentro cercano con Europa, a principios del 1996, Galileo tomó las primeras imágenes de esta helada luna, desde aquéllas tomadas por el Voyager 2 en 1980. Estas imágenes, acopladas con las tomadas en las subsecuentes órbitas, comenzaron a revelar uno de los descubrimientos más excitantes de la misión Galileo – una superficie resquebrajada cubierta por cumbres y otras características, incluidas áreas como icebergs donde la superficie parecía haberse roto, movido y después vuelto a recongelar con las piezas en diferentes lugares como un gran rompecabezas. Esta y otras evidencias geológicas, comenzaron a sugerir que Europa podría tener en la actualidad un océano de agua líquida debajo de su helado exterior.
El enigma de si Europa tendría o no agua líquida, encontró su más fuerte pieza de evidencia en una fuente inesperada – el instrumento del campo magnético a bordo de Galileo. Este instrumento midió evidencias de un campo magnético inducido en Europa que cambiaba con el movimiento de ésta a través del inmenso campo magnético de Júpiter. A pesar de que Europa no genera su propio campo magnético, el instrumento midió cambios que únicamente podían provenir de un cuerpo conductor moviéndose a través del campo de Júpiter. Las mediciones eran consistentes con una gran capa de agua líquida, similar en composición al agua marina terrestre, localizada debajo de la superficie de Europa. Son posibles otras configuraciones (tales como una gran capa de un metal conductor u otro mineral) sin embargo los geólogos consideran esto poco probable.
Como la posibilidad de agua líquida en Europa comenzó a hacerse más real, los astrobiólogos comenzaron a animarse por las posibilidades de vida. Esta idea ha sido considerada basándose en las imágenes del Voyager, pero recibió una más amplia distribución científica a medida que la presencia de un océano bajo la superficie (el cual podría tener más agua que todos los océanos de la Tierra juntos) comenzó a hacerse una realidad. Mientras que es poco probable de que puedan existir formas de vida superiores en Europa, es posible que algunos organismos microscópicos puedan haber evolucionado y prosperado debajo de la superficie de Europa y perdurado hasta el presente.
La excitación científica por Europa, sin embargo, conduciría a Galileo a su destino final. Programado originalmente para dar sólo 10 vueltas a Júpiter, se le concedió a la exitosa nave espacial una extensión de su misión para estudiar a Europa y después otra misión adicional para enfocarse primordialmente en la magnetosfera de Júpiter, pero que también incluiría una serie de riesgosos acercamientos alrededor de Io la luna interior de Júpiter. Io había sido esquivada en los acercamientos iniciales por el riesgo de dañar los delicados sistemas electrónicos de la nave y de hecho un número de estos acercamientos fueron nulos esencialmente debido al cierre de las emisiones por radiación durante el período de acercamiento a esta órbita. Afortunadamente, la nave fue reiniciada con éxito y totalmente recuperada en cada una de estas instancias.
Sin embargo el ambiente de radiación de Júpiter comenzó a cobrar su cuota y se vio claro que los instrumentos a bordo de Galileo estaban sufriendo una degradación gradual ya que la nave espacial absorbía mucha más radiación de la que había sido diseñada para resistir. Los instrumentos comenzaron a fallar y el combustible comenzó a disminuir. La NASA tenía que tomar una decisión al respecto del destino final de Galileo.
A diferencia de las misiones de acercamiento de las Pioneer y Voyager, que ahora se encuentran en camino de salida del Sistema Solar para encontrarse con las estrellas, las naves espaciales orbitantes no tienen un legado tan glorioso. Aún si son colocadas en una órbita estable, la órbita decaerá con el tiempo y sin combustible para poder hacer algunas pequeñas correcciones, la nave espacial eventualmente se estrellará contra Júpiter o una de sus lunas. Y era una de esas lunas, Europa, la que preocupaba a los científicos. Si existe alguna posibilidad de agua líquida y de vida en Europa, entonces el impacto de una nave como la Galileo sería una cosa muy mala. La radiación remanente de la fuente de poder RTG de Galileo ya sería lo suficientemente malo, pero los científicos están muy preocupados por la posibilidad de contaminar a Europa con microbios terrestres. A pesar de que Galileo ha estado en el espacio desde 1989 y en el enorme campo magnético de Júpiter desde 1995, es posible que algunos microbios hubiesen quedado encerrados entre los materiales durante su construcción en la Tierra y hubiesen sobrevivido este viaje de 14 años. A diferencia de las naves Viking, las primeras que descendieron en Marte, que fueron cuidadosamente esterilizadas para disminuir al máximo las probabilidades de que microbios de la Tierra llegasen a Marte, Galileo nunca fue puesto bajo estas precauciones.
Así que, en el caso de qué las dos posibilidades pudieran ser ciertas, una, que Europa tenga un ambiente hospitalario para la vida y dos, que los microbios terrestres se las hayan arreglado para sobrevivir abordo de la Galileo, la NASA se está asegurando de que no haya ninguna oportunidad de que una nave dañina se estrelle contra Europa y contamine su potencial biosfera. En vez de ello, mientras la nave espacial aún cuenta con suficiente combustible para una corrección de curso y su computadora aún responde a los comandos de la Tierra, Galileo será enviada a un impacto forzado contra Júpiter el planeta gigante.
En un movimiento que se hace eco con la entrada de Galileo en el sistema Joviano, cuando la sonda entró en la atmósfera de Júpiter, el idilio de Galileo a Júpiter terminará el 21 de Septiembre alrededor de las 3 p. m. hora del Este americano cuando la nave se impactará por sí misma contra Júpiter. Nunca se pensó que la nave espacial Galileo entrase en una atmósfera y si bien se espera que algunos instrumentos envíen datos a medida que Galileo se acerque a Júpiter, también se espera que la nave se desintegre rápidamente y se vaporice a medida que descienda dentro de la atmósfera de Júpiter. Será un final rápido y despiadado para esta nave espacial, una de las misiones más exitosas de la NASA.
También será un día triste para muchos científicos e ingenieros que ayudaron a que la misión Galileo fuese un éxito. Una misión de continuidad para estudiar a Europa, llamada Orbitador Europa, fue recientemente cancelada por la NASA, pero a cambio, fue reemplazada por un ambicioso proyecto denominado Orbitador de las Lunas Heladas de Júpiter (JIMO – por sus siglas en inglés Jupiter Icy Moons Orbiter) que sería una gran nave espacial impulsada por energía nuclear que tendría suficiente potencia y propulsión para orbitar a cada una de las heladas lunas de Júpiter. Será bien entrada la siguiente década antes de que JIMO pueda ser lanzada, sin embargo hasta entonces, los científicos se quedarán con el legado de Galileo mientras estudian a Júpiter y a sus lunas.
http://www.space.com/searchforlife/seti_phillips_europa_040226.html
Traductor: Liberto Brun Compte
27
de Febrero del 2004-02-27
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Agua en Europa |
En
cuatro artículos previos, consideramos los satélites
Galileicos y el hecho de que la flexión de las mareas, debida a sus órbitas
resonantes, proporciona calor para vulcanismo en Io y pudiera resultar en la
presencia de agua líquida debajo de la helada superficie
de Europa. También sumarizamos la evidencia de agua líquida en Europa basados
en evidencia geológica de las imágenes de Europa tomadas por las naves
espaciales
Voyager y Galileo y con base en modelos
térmicos del interior de Europa. En este artículo consideraremos los
resultados del campo magnético desde Galileo y sus implicaciones en al
estructura bajo superficie de Europa.
La
evidencia geológica es tentadora, pero incompleta – sugiere que el agua líquida
podría estar presente, pero también permite la posibilidad de que las extrañas
características que vemos en la superficie de Europa podrían haberse formado,
todas, a través del movimiento de hielo blando, sin agua líquida en lo más mínimo.
Los modelos térmicos presentan una imagen muy semejante – sabemos que existen
alrededor de 100 Km. de material con la densidad del agua en la superficie de
Europa, pero no podemos estar seguros si está totalmente sólida, o si algo (¡o
la mayor parte!) de ella es líquida. Los modelos teóricos que ven el
comportamiento del interior de Europa con el paso del tiempo, sugieren la
posibilidad de que la convección pudiera transportar rápidamente todo el calor
de la capa de agua líquida y causar que se congelase sólidamente, pero también
es posible que una capa líquida pudiera mantenerse a través del tiempo geológico.
A la vista de
toda esta incertidumbre, sería difícil decir nada más inequívoco de que es
factible un océano líquido en Europa. Sin embargo, una nueva línea de
evidencia de una fuente inesperada, nos viene de los resultados del estudio de
los campos magnéticos hecho por la nave Galileo que ha sugerido que lo
“posible” deberá reemplazarse por “probable” – ahora sabemos de que
es probable que Europa tenga un océano líquido debajo de la helada superficie.
¿Cómo es esto posible?
Europa no
tiene un campo magnético propio, pero Júpiter tiene un campo magnético muy
fuerte. La magnetosfera Joviana se extiende hacia el exterior hasta 10 radios de
Júpiter (RJ), entre las órbitas de Europa (9.4 RJ) y Ganímedes
(15 RJ). Así que los satélites Io y Europa realmente orbitan a Júpiter
dentro de su campo magnético. Sin embargo, el campo magnético no es simétrico
alrededor del centro de Júpiter – está inclinado casi diez grados con
respecto a su eje de rotación y también está compensado por alrededor de 1 RJ
desde el centro de Júpiter. Debido a esta compensación a medida que Júpiter
gira, Europa experimenta un campo magnético variable en tiempo durante un período
de 11.23 horas. El campo también varía a medida que Europa orbita alrededor de
Júpiter, pero el período de rotación de Júpiter (y por lo tanto la rotación
de su campo magnético) es un efecto mucho más fuerte.
Sabemos por
las leyes de electromagnetismo que un campo magnético de tiempo variable
inducirá un campo eléctrico. Este campo eléctrico causa una corriente que
fluye hacia el interior de Europa, con una dirección que cambia en una escala
de tiempo de la mitad del período de rotación. Esta rotación de corriente
crea un campo magnético secundario con una dirección que es aproximadamente
opuesta al campo magnético primario de Júpiter. A esto se le llama un campo
magnético inducido..
Los datos del
magnetómetro en Galileo (un instrumento que mide la fuerza y dirección de los
campos magnéticos) mostraron que Europa tiene un campo magnético inducido que
varía en dirección y fuerza en respuesta a la posición de Europa dentro del
fuerte campo magnético de Júpiter. La variación periódica en la dirección
muestra que el campo no es debido a un dipolo interno permanente, significando
que el campo no se crea en el interior de Europa (a diferencia del campo magnético
de la Tierra).
La fuerza y la
respuesta del campo inducido en Europa puede decirnos respecto de su estructura
bajo la superficie. Los resultados medidos por el magnetómetro de Galileo
requieren de una capa global conductora cercana a la superficie. La capa que más
probablemente llena estos requisitos es una capa global de agua salada, con un
contenido salino de no menos de ~0.02 veces la salinidad de los océanos en la
Tierra.. Los resultados del magnetómetro permiten un rango de soluciones con
diferentes valores para la conductividad del océano, la profundidad debajo de
la superficie a la cual está localizado y el espesor de la capa. Por ejemplo,
si suponemos un océano en Europa con una conductividad igual a la de los océanos
terrestres, entonces esa capa debería de ser por lo menos de varios kilómetros
de grosor y localizada a no más de 200 Km. bajo la superficie de Europa.
Los datos del
campo magnético procedentes de la nave espacial Galileo pusieron un sustancial
juego de restricciones respecto de la estructura de la superficie bajo Europa.
Por ejemplo, los datos para Europa no se pueden explicar por bolsas localizadas
de agua salada y en cambio requieren de una concha completamente esférica de
agua líquida. Una capa de hielo congelado, aún si tuviese bolsas de agua
salobre, no podría mostrar la respuesta observada porque los iones en el hielo
sólido serían insuficientemente móviles.
Es posible que
un tipo de capa conductora distinta de un océano global salado podría ser la
responsable del campo magnético inducido, pero la explicación del océano
salado da la impresión de ser la más plausible. En particular, la fuerza
observada del campo inducido no es consistente con las corrientes inducidas en
un núcleo metálico; la fuerza de campo del dipolo inducido disminuye con el
cubo de la distancia y el núcleo está demasiado lejos para proveer el campo
observado. Los datos tampoco son consistentes con un campo inducido en la
ionosfera de Europa; la ionosfera es demasiado tenue para mantener las
corrientes eléctricas necesarias para explicar la fuerza del campo. Una capa
bajo la superficie de un material conductor diferente, en lugar de agua salada,
es posible, pero tales capas (como sería el grafito) son inverosímiles dado lo
que conocemos al respecto de la composición y formación de Europa.
Sorprendentemente,
los datos del magnetómetro de Galileo sugieren que Calisto y Ganímedes pueden
tener igualmente océanos bajo la superficie. Estos podrían existir en un
estrato entre medio de dos fases de agua helada, de modo que no podrían
proporcionar la astrobiológica y más interesante fase de contacto roca / agua
(con posibilidades de respiraderos hidrotermales) que podría estar presente en
el fondo del océano en Europa.